Por: Luis Edo. Marqués Silva de Balboa, presidente de Cormaule.

Los seres humanos somos en muchas oportunidades sirvientes y esclavos de nuestras pasiones y de nuestras ambiciones, ambas hacen a la persona un ente subalterno, sobre todo cuando no hay mesura. San Ignacio de Loyola, hombre que fue muy apasionado terminó enseñándonos acerca de lo que denominó La Santa Indiferencia, doctrina espiritual que permite y anida el discernimiento.
Mostrar desmesuradamente pasión o ambición es una conducta impropia alejada de las normas sociales y carentes de toda elegancia. El recato, la prudencia, la austeridad pública y privada siempre fueron parte de la vida del castellano y es donde se anida nuestra sociedad original. Los aspavientos carnavaleros y tropicales nunca fueron parte de nuestro carácter. Son importados de otros ambientes de distinto pelo y color.
El denominado progreso nos destruye en nuestro tejido social y da paso inevitable a nuevas formas de vida e interacción social y cultural.
No pretendo sostener que el progreso es malo, pero no todo progreso es progreso, por paradojal que resulte, casi hoy es un axioma.
Cuando un comentarista de espectáculos asiste a un acto público “alfombra roja” visto en todos los hogares por grandes y niños, y lo hace acompañado de su pareja homosexual y se besan en la boca ante esas cámaras. No para todos eso es progreso, y sí para muchos eso es un avance liberador de lo mejor del ser humano, dos irreconciliables mundos. Para otros, Sodoma y Gomorra, ciudades castigadas por la ira de Dios.
¿ Porqué ahora Dios vuelve a ser permisivo? Para muchos el único Dios permisivo es aquel que no existe, el inventado por los hombres, el Dios de Karadima, de O’Reilly de Joanon, y de tantos otros “sacerdotes” y “Obispos” que abusan.
También hay hombres públicos que convierten a las personas en sirvientes de sus íntimas y personales ambiciones y en todos los ámbitos. Cuando se instrumentaliza al ser humano y se hace con cinismo, se peca doble. Con la apariencia de entretenerlo, lo uso. Lo hago mi sirviente. Incluso la masa se siente feliz de serlo.
Talca ha sido un símbolo social de la República y del país antes de ella. Todo Chile por siglos sabe del perfil de la ciudad, hay numerosos ejemplos del acervo popular que lo demuestran. “La canilla del Quixote está enterrada en la Plaza de Armas”, tiene todo un significado profundo en nuestra historia que las nuevas generaciones desconocen. “Talca, Paris y Londres” estampado en los sombreros de Pierre Lagarde, nos habla de lo pretensioso de algunos.
Pero mientras adoremos “ al becerro de oro “ vamos a seguir sucumbiendo y cediendo paso al servilismo a ultranza, aquel servilismo del hedonismo y el materialismo, a la ausencia de cultura propia, de identidad, con ídolos locales de barro, mediocres y falsos.
El discernimiento de San Ignacio consiste en separar para analizar, y lo debemos hacer para saber reconocer el progreso del atraso, la libertad del servilismo ya que ahora las cosas vienen hábilmente mezcladas, con ponderación logramos reconocer lo que se nos ofrece y lo que se nos acerca, sin perder de vista lo que somos y lo que queremos ser.-
No dejemos que la historia mal escrita y mal contada nos instale una bisagra en la espina dorsal y mucho menos en nuestros espíritus.-

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