Andrés Bello es un tipo notable. Si pudiéramos compararlo con un superhéroe, calzaría con Ironman, en versión 1800.

Sin embargo, algunas de sus obras más potentes y llamativas eclipsan otros aportes que hizo a la construcción de la República, a la idea chilena de nación y Estado.

Entre otras, este Tony Stark chilensis milochociensis redactó el código civil, fue mentor y rector de la Universidad de Chile y entregó a la sociedad innumerables artículos de divulgación del conocimiento, a través de los medios de comunicación.

¿Alguien más patriota que Ironman? Por supuesto: Bello. ¿Alguien más farandulero que Tony? Claramente: El ilustrado Andrés.

Pero, como siempre, hay un pero. Una faceta que no ha brillado tanto, porque no es llamativa ni fácil de entender por cualquiera (me incluyo). Se trata de su obra filosófica, de sus reflexiones que apuntan a entender cómo se entienden las cosas, cómo se desarrolla la moral, la ética de los pueblos e incluso la fe.

En ese aparentemente oscuro vacío de información, un equipo de investigadores de la Universidad de Chile hurgó en la obra de Bello para desentrañar sus pensamientos filosóficos.

El resultado de este trabajo está publicado en el libro “Andrés Bello, filosofía pública y política de la letra”, que forma parte de la Selección de Obras Filosóficas del Fondo de Cultura Económica.

En lenguaje académico, que no es árido, abordan las diferentes dimensiones del Andrés Bello dedicado a la filosofía, de pensamiento conservador, que busca ante todo el orden y la estabilidad, pero que no se casa con ninguna ideología o corriente de pensamiento en particular. Este libro aporta una nueva visión de Andrés Bello, cuyo prolífico trabajo se revela como una obra de vida monumental, que lo desmarca de Stark. Definitivamente lo ubica en un peldaño superior.

 

Andrés Bello, filosofía pública y política de la letra, 2013
Carlos Ossandón Buljevic y Carlos Ruiz Schneider (coord.)
Fondo de Cultura Económica

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