Por: Luis Edo. Marqués Silva de Balboa

Los chilenos, igual que los talquinos, tenemos la costumbre provinciana de mirar a muchos en menos, particularmente a la gente y las naciones que no entendemos; así lo que no nos da la comprensión, lo anulamos por vía del desdén.
Este es un acto de cobardía y mediocridad dialéctica y efectiva.
Hace pocos días llegaron a Uruguay un grupo de detenidos de la Base Militar de Guantánamo donde los Estados Unidos, pionero de la democracia occidental, han creado un limbo legal sin precedentes. Un lugar donde un ser humano puede ser arrestado y estar años sin ningún juicio que establezca el crimen cometido. Su crimen es ser quién es y actuar en desacuerdo a las expectativas y reglas del más poderoso, tan simple como eso.
Esto ocurría en los tiempos primitivos de la historia de la humanidad, se repitió en la Edad Media, en manos de tiranos, y ahora en los Estados Unidos.
El progreso tecnológico y comercial, el mundo del dinero y de las cosas que funcionan, no ha logrado crear una mejor sociedad para el mundo de la justicia y la equidad. Todo es únicamente usado para consolidad poder y el poder adquirido es un símbolo de avance social y hasta cultural.
Un hombre pequeño y de apariencia simple, un hombre que no usa corbata, traje ni lujo alguno, sin un iPhone6, sin otro Mini iPad, y sin una poderosa computadora, viviendo en una chacra y conduciendo un auto del año 88, el señor Mujica, ex presidente de Uruguay, ha tenido la entereza y grandeza moral de recibir detenidos no para que sigan detenidos, como el poderoso quería, sino para que en su tierra sean libres !
“La tierra prometida” es para ellos Montevideo.
Un político que es capaz de dar libertad y no opresión, es algo extraordinario.
El mismo hombre que decidió legalizar el tema de la mariguana, el matrimonio igualitario, un hombre moderno y valiente, la valentía moral es la más valiosa, como la cobardía moral es la más deleznable.-
Chile recibió la misma petición de recibir detenidos cuya libertad ha sido conculcada y sus personas abusadas.
Chile no fue capaz de dar una respuesta, sus enfermedades sociales no lo permitieron, nuestros conflictos nos agobian y nos hacen una tierra tensa e incierta por el juego de poderes enormes y la degradación de la vida pública.-
Hoy, en el plano internacional Chile está mal. Sus conflictos con Bolivia lo ponen en una situación de agresión permanente en contra de toda lógica humanista.
En ese plano, Uruguay es parte de la solución de algo magno, Chile sigue siendo un problema sumido en pequeñez y nacionalismo.
No aprendemos de la historia.
Qué gran oportunidad habría sido para Chile el haber mostrado que de la tierra del oprobio, donde se torturaron niños para que delataran a sus padres, habíamos pasado a ser una tierra que también libera a las personas a su creatividad y sus espíritus.
No podemos.
La cordillera nos tapa la vista en vez de inspirarnos, el desierto nos seca el alma, y el mar nos agobia y vence.
Una raza y cultura sometida, pero pretensiosa.
Esta carencia de identidad es la que nos limita en la grandeza del mundo actual, y esta grandeza es a la que se debe dirigir la educación como expresión cultural.
El chaqueteo chileno hace valer la mediocridad, el pasar desapercibido, es una virtud, y el tener carácter es ser conflictivo, pecado capital en una sociedad que crea la paz en la claudicación.
Antes de menospreciar y prejuiciar a argentinos, peruanos, uruguayos, venezolanos, mexicanos, etc., aprendamos las grandes lecciones que de esas notables tierras nos llegan, como ésta que la República Oriental del Uruguay no ha dado.-

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