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“El perfume anuncia la llegada de una mujer y alegra su marcha”, dijo en su día Coco Chanel. Hay notas olfativas, como las de la vainilla, la madera, el pachuli o las rosas, que dejan huella. Te hacen respirar profundo, disfrutar de esos segundos… y te deja con ganas de más, ¿verdad? Y si encima lo descubres gracias a una amiga, no hay duda de que se convertirá en tu próximo objeto de deseo.

Pero, ¡sorpresa! Cuando perfumas tu piel con el mismo envase que el de tu amiga, ¿dónde está el olor que tanto te enamoró? ¿Por qué no queda igual? Pues la respuesta la tienes que buscar en ti y no en la fórmula del perfume.

Tal y como nos explica la doctora Elia Roó, miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología, la clave está en nuestro olor corporal y en la composición del sudor de cada una.

Nuestra piel tiene una flora microbiana (las bacterias y los hongos que conviven pacíficamente en nuestra piel) que hace que nuestro propio olor corporal sea diferente”. Un olor corporal que se desprende a través de dos glándulas: la sudoríparas ecrinas y la apocrina. Si a ello le sumamos la sudoración de cada persona, el cóctel sobre nuestra epidermis es de lo más inesperado. Porque ese perfume, esa composición química que se vende con la misma fórmula en cualquier parte del mundo, adopta un olor característico en cada persona.

Pero además de las características innatas de cada epidermis, hay más factores que pueden hacer que un olor sea irrepetible. La dermatóloga Roó, también coordinadora del Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica, señala que estos condicionantes pueden ser por ejemplo, nuestros periodos hormonales, nuestra higiene personal, el inevitable sudor deporte o ¡incluso el clima! Estos factores hacen que nuestro olor básico varíe y sea más o menos fuerte.

Vamos, que el perfume que tanto nos gusta de nuestra amiga, vecina, compañera de trabajo o de nuestra hermana no tendrá el mismo resultado en nuestra piel. Así que, antes de ir corriendo a comprar el perfume que te enamoró al olerlo, será mejor que pidas una muestra y lo pruebes unos días. Échate unas gotas en la muñeca y descubre cómo se transforma en un olor personalizado. Y si después de la prueba notas que no es tu perfume, tranquila. Que aunque Chanel dijera que es lo que alegra la marcha de una mujer, una sonrisa (siempre) es mucho mejor.

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