Con más de 30 mil hectáreas cultivadas y cerca de nueve millones de toneladas exportadas anualmente, la manzana es un tema obligado para el mundo del agro en Chile. El país, es actualmente el principal exportador del hemisferio sur, con una participación del 9% en el mercado mundial.

El camino hacia ese nivel de importancia productiva y económica no está libre de obstáculos y desafíos, temas abordados en la última reunión técnica del Centro de Pomáceas de la Universidad de Talca. Uno de los ítems planteados fueron las plagas que constituyen una problemática constante y así lo demuestran las cifras del Servicio Agrícola y Ganadero y calificadas como “alarmantes”, por Christian Volosky, jefe de la Línea de Insecticidas de Anasac.

“Las plagas cuaternarias, es decir, las que por su sola presencia van a ser motivo de rechazo (comercial) de la fruta, tienen alta presencia en las manzanas. Representan el 36 por ciento de los rechazos cuarentenarios totales y las peras un cuatro por ciento, es decir, entre las dos tenemos 40 por ciento de rechazos, tres veces más que en la uva”, indicó Volosky.

Al revisar los números por agente causal, mostró que las especies siguen siendo las mismas desde hace varias temporadas. Una de ellas es el llamado ´chanchito blanco´ presente en tres millones de cajas rechazadas en las últimas cuatro temporadas. “Eso nos indica que no tenemos claridad de cómo controlarlo”, pues existen entre seis y siete especies asociadas con características y respuestas diversas.

Cydia pomonella es una plaga que, por lo general, no debería aparecer en estos registros, pero hay 834 mil 478 cajas rechazadas por esta causa. Cuando se sobreestima la residualidad de los productos químicos, cuando no aplicamos de acuerdo a su fenología o cuando no utilizamos correctamente la maquinaria; en esos momentos es en los que Cydia pomonella tiende a ingresar”, explicó.

Una de las plagas más complejas y que causó graves daños hace casi una década, es la Escama de San José, causada por Quadraspidiotus perniciosus y presente en 488 mil 871 lotes de fruta. “Los problemas eran explosivos e, incluso, se llegó a sospechar de una resistencia, pero con la incorporación de una molécula reguladora del crecimiento, hemos visto una disminución interesante de su población”, aseguró el profesional.

Según el experto, lo complejo de la situación es que “las alternativas de control son reducidas y son escasos los grupos químicos eficientes y, además, hay un bajo recambio de las moléculas de insecticidas”.

Paralelo a esos agentes patógenos, la producción de manzana no ha quedado ajena a la pandemia, la que, a juicio de Joaquín Pavez, presidente de la Corporación PromaNova y Crop Manager de Frutales de Anasac, ha obligado a asumir varios desafíos.

“Debemos darle valor a la fruta chilena y salir de ser un commodities y generar identidad, para ello debemos orientarnos a lo que quiere el consumidor, por eso debemos trabajar hacia la obtención de variedades propias orientadas a nuestros mercados objetivos como Asia y la Unión Europea”, manifestó.

Añadió que “dentro de esta identidad es importante plantear la idea de las frutas cero residuos y un gran volumen deber ir hacia la producción sustentable. Creo que informar al consumir respecto al proceso de producción será siempre una ventaja”. En ello, indicó, es fundamental la inteligencia artificial y otros sistemas tecnológicos porque permiten trabajar con la precisión requerida. 

Para Pavez, debido a que la tendencia es buscar la salud en los alimentos naturales por los múltiples estudios que han comprobado los beneficios de la fruta, “asociar la manzana a un alimento sano es fundamental para mantener o aumentar el consumo, especialmente en los jóvenes”.

REPORTE CLIMÁTICO

Álvaro Sepúlveda del Laboratorio de Ecofisiología del Centro de Pomáceas de la UTalca, explicó que, según las últimas mediciones que han realizado, el registro de acumulación de frío en los manzanos fue “alrededor de un 20% menor con respecto al año pasado”.

Estos frutales requieren de un receso invernal para sobrevivir a las bajas temperaturas y es por ello que, en ese periodo, pierden sus hojas y suspenden su crecimiento. “Una vez transcurrida esta exposición de frío, el ciclo continúa una vez que el frutal empieza a acumular calor por las temperaturas de la primavera”, explicó.

Según Sepúlveda, hubo un otoño cálido que ocasionó que las hojas cayeran hacia la segunda quincena de mayo, pero “desde la segunda quincena de junio y hasta julio, aumentó esa acumulación de frío y ello ayudó a compensar el periodo inicial”.

De cara al trimestre agosto-octubre, advirtió que “tendremos temperaturas máximas sobre lo normal para la zona manzanera y temperaturas mínimas bajo lo normal, con esto podemos decir que no podremos tener claro qué grado de acumulación térmica tendremos, aunque esto sí nos indica una mayor presencia de heladas”.

Por lo anterior, enfatizó en que “vamos a tener que estar atentos a cómo continúa la acumulación térmica en lo que queda de agosto y comienzos de septiembre para poder establecer un pronóstico de cuándo ocurriría la floración”. 

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