El modelo de Gestión de Calidad para Centros de Educación Inicial, desarrollado por Fundación Chile, entrega algunas claves para orientar a las familias hacia una buena elección del jardín infantil o sala cuna para sus hijos e hijas.

Diversos estudios e investigaciones confirman la importancia de la educación inicial para el desarrollo de habilidades clave para los niños y niñas, pero también como un espacio de atención, cuidado y protección de la infancia. “Sin embargo, el solo hecho de que un niño asista a un centro educativo no garantiza que se esté beneficiando. La ausencia de una regulación efectiva mantiene una gran incertidumbre respecto de la calidad educativa de salas cuna y jardines infantiles”, afirma Ana María Cabello, coordinadora de Educación Inicial del Centro de Innovación en Educación de Fundación Chile.

Por este motivo, la institución recomienda a las familias observar una serie de condiciones que debe cumplir una institución educativa infantil de calidad. Si bien se trata de variables que pueden ser fácilmente chequeadas, “su cumplimiento también da cuenta de elementos más profundos en los ámbitos administrativos y pedagógicos que contribuyen a una educación de calidad”, explica Cabello.

Entre ellos se encuentran un liderazgo directivo con énfasis en lo pedagógico, la existencia de un proyecto educativo que orienta la gestión de la institución y un equipo de educadoras de párvulos y asistentes comprometidas con el proyecto y con oportunidades de formación.

Los siguientes son algunos de los indicadores que Fundación Chile aconseja a las familias observar en jardines infantiles y salas cuna, los cuales se desprenden del Modelo de Gestión de Calidad para Centros de Educación Inicial, desarrollado por esta institución:

1. Se consulta la opinión de los niños y niñas: implica que el equipo educativo del establecimiento periódicamente genera actividades para que los niños y niñas expresen sus sentimientos sobre el jardín infantil, de manera que la dinámica educativa se vaya renovando y respondiendo a las inquietudes e intereses que los niños y niñas van manifestando.

2. Se establecen canales de comunicación permanente con cada familia: se mantiene una comunicación efectiva y frecuente, utilizando diferentes medios para escuchar y entregar información a cada familia acerca de las actividades y aprendizajes de los niños, teniendo en cuenta estados de ánimo y situaciones especiales en la casa y en el centro educativo.

3. Se promueve la participación de la familia en actividades pedagógicas: para esto es importante que exista una política institucional que integre a la familia en actividades en el aula y, cuando esto ocurre, la educadora de párvulos proporciona retroalimentación inmediata y directa a los padres que participen.

4. El programa educativo plantea a los niños y niñas experiencias educativas variadas y significativas: tanto las actividades variables como aquellas propias de la rutina (hábitos) se planifican y realizan con clara intencionalidad pedagógica, cuidando el bienestar y el goce de aprender por parte de los niños y niñas, incorporando elementos del contexto socio cultural que den cuenta de la diversidad y favorezcan la inclusión de todas las familias.

5. La infraestructura e instalaciones son adecuadas y suficientes: el establecimiento cuenta con los permisos municipales y de salud que establece la normativa vigente. Se cumplen condiciones adecuadas de construcción, iluminación, ventilación y calefacción. Además cuenta con mobiliario seguro.

6. Los espacios están organizados para el logro de aprendizajes significativos: los espacios del jardín infantil o sala cuna ofrecen diversos recursos y materiales que estimulan el movimiento, la exploración, la interacción y la creatividad, lo que incluye a niños y niñas con necesidades educativas especiales.

7. Existen procedimientos para promover el Buen Trato y prevenir situaciones de maltrato infantil: el centro educativo promueve el buen trato y cuenta con estrategias para la protección y promoción de los derechos de los niños, incluyendo procedimientos claros de acción ante situaciones de negligencia, sospecha de violencia física, psicológica o de abuso sexual.

8. Existe un procedimiento sistemático para registrar y analizar los logros de los niños y niñas: la evaluación es un proceso permanente e integral que alimenta la planificación e implementación del programa educativo a nivel individual y grupal, esta información es proporcionada a las familias y utilizada para tomar decisiones que contribuyan al mejoramiento del proceso educativo.

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