He volvido como dijo mi primo chico cuando era aún más chico.

Lo he hecho porque Yo Decidí. Como creo debe ser la despenalización del aborto. No es fácil hablar del tema porque moralmente se me vienen muchas cosas con las que he crecido. Es una vida desde que se gestó, es un ser vivo, eso es matar, etc, etc, etc.
Es cierto, es una vida que sólo las mujeres tienen tal maravillosa oportunidad de crear y gestar a un nuevo ser humano. Pero qué pasa cuando ese feto no logra desarrollarse?, cuando su vida al interior del vientre se ve truncada por una circunstancia ajena a la esperanza depositada en nosotras con ser madres.
Un día de abril mi puntito se fue. Su corazón dejó de latir y el doctor no me dijo nada más que pasaba a enlistar las estadísticas que indican que hay un 60% de probabilidades en que las mujeres, que quedan embarazadas por primera vez, lo pierdan y que debía estar tranquila y esperar eliminarlo sola. Eliminarlo. Esa palabra usó para mi puntito, que llegó a ser un poquito más grande que eso pero lo recuerdo de esa forma porque en mi primera ecografía pude verlo salir de mis trompas, cuando recién hacía su viaje a mi útero para comenzar a crecer.
A pesar de haber estado esperándolo (a) con ansias y de transmitirle que llegaría a un hogar lleno de amor, sus latidos dejaron de escucharse. Sólo me dio a mí el privilegio de escucharlo y fue tan fuerte que le pedí no me dejara y le supliqué que se aferrara. Fue tanto lo que le rogué que aún cuando su corazón dejó de funcionar, en las 16 semanas, no me dio síntomas de que quisiera salir desde mi interior. El doctor me dijo que sola lo expulsaría y que sería una hemorragia distinta a la que tenemos de manera mensual, sino que más abundante y que podrían pasar hasta 3 meses. En ese momento no pude pensar nada más que las razones por las que me sucedió a mí, de culparme y negarme a aceptarlo. Pero luego, me asusté y sentí que no debía continuar con mi puntito pensando que crecería y que sólo había sido un error del doctor. Le pedí que me operara para asumir que mi embarazo ya no era viable y se negó. Me dijo que de manera natural era lo mejor. ¿Cómo puede él saber qué es lo mejor para mí? No podía esperar meses en tener esa abundante hemorragia y viajé a otra ciudad para continuar. Me ayudó a entender y a superar mi dolor. Si hubiese sido de la otra forma, quizás ahora tendría rabia, estaría enojada por las formas en que la naturaleza reacciona y no recordaría a mi puntito jamás, porque se habría traducido en dolor y amargura.
Por eso, no quiero que nadie decida por mí, ni el estado, ni mis padres, ni mi esposo, ni mis amigas, ni los chismes ni nadie. Somos responsables de nosotros y por eso decidimos de la misma forma.

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