“Nada es imposible”, se repetían una y otra vez Cristian Contreras, quien padece mucopolisacaridosis que le genera movilidad reducida, luego de que conquistara la cima del Cerro Traluñé en Molina.

El practicante de Trabajo Social en la Municipalidad de Molina fue parte de las 70 personas que participaron en el “Desafío Traluñé” que fomentó el retorno de los ascensos guiados hacia los cerros de la pre-cordillera molinense por parte del equipo municipal, en los que se recorren 5,7 km de la ruta hacia la cúspide.

Cuando me invitaron, pensé que era una broma”, reconoció el joven, quien emprendió desde temprano el rumbo por la indómita naturaleza junto a sus guías, desplazándose en un carro especialmente adaptado.

Para asombro de muchos, los obstáculos del camino no fueron impedimento y la fuerza de voluntad se impuso por sobre las vicisitudes del destino. “Fue emocionante, nunca pensé que iba a subir el Traluñé y me gustó, fue una experiencia muy bonita e inclusiva”, dijo tras llegar a la cumbre, concluyendo con un rotundo “nada es imposible”.

Como muestra del eco-turismo que se viene practicando durante los últimos años en el lugar, los participantes realizaron limpieza de varios sectores a medida que iban avanzando por la ruta, mientras que los guías del equipo municipal iban educando sobre la flora y fauna nativa a los entusiastas exploradores. Incluso, los guardaparques de Conaf hicieron lo propio informando sobre cómo reaccionar ante focos de fuego para prevenir incendios forestales.

Como un aventurero más, la propia alcaldesa Priscilla Castillo completó el recorrido y calificó la experiencia como “un maravilloso reto, fue emocionante ver a Cristian llegar a la meta, porque fueron 1200 metros de altura los que subimos y el trabajo en equipo que hicimos fue fundamental. Están todos invitados a poder realizarlo, porque tenemos el espacio, una naturaleza preciosa para disfrutar entre todos, se sale de la rutina y se comparte con otras personas; así que es una experiencia inolvidable”.

En octubre se efectuará la segunda travesía: el “Desafío Fraile”, donde los exploradores podrán conocer el cerro que debe su nombre debido al parecido de su cúspide con la calva de un monje.

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