Los últimos días he leído mucho sobre la discriminación que sufren hombres y mujeres debido a sus nombres. Meibelin y Brayatan son algunos ejemplos de ellos, a quienes el éxito nos les llegará a menos que se cambien el nombre, indicaba el estudio en el diario. Nuestra clase media, la inventada clase media, en la que casi todo Chile pertenece es tan tiradora para arriba, o por lo menos de eso nos convencen. Como lo hacen también de que debemos endeudarnos para conseguir las cosas y que no podemos quedarnos siempre en el mismo eslabón. Una escalera invisible pero que pesa cuando comienzas a estar más cerca de las oportunidades laborales que pueden hacerte crecer de manera personal y monetaria, por supuesto! Lo que si veo y a diario, es que somos muy paraos de raja. Siempre el pasto del vecino es más verde. Juramos de guata que teniendo más cosas materiales somos mejor vistos por «los demás» incluso sabiendo que «esos» no van a estar cuando los necesites. Compramos ropa de marca y ni siquiera sabemos como se pronuncian. Entonces, si no somos tan auténticos, ¿Por qué priorizamos el nombre antes de conocer la persona?
Creo que esto viene desde que los padres buscan escoger un buen nombre para el hijo que viene en camino, entonces quieren idealizar al hijo que aún está en el útero buscando en los libros con miles de nombres y sus significados, les ponen Alexis porque quieren que sea un buen jugador de fútbol. O escogen Sebastián esperando que sea un empresario exitoso. Todo esto de la mano con la búsqueda incesante de ser diferentes. Vivimos tan pegaditos que no queremos vestirnos, hablar y menos llamarnos del mismo nombre.
Cualquier nombre que tengamos eso si nos obliga a no bajar los brazos y vivir en esfuerzos. Porque aunque cambien los nombres y pase el tiempo, nuestra sociedad seguirá siendo la misma. Y como la clase media no nació en cuna de oro, esa que te brinda privilegios que todos pueden vislumbrar y que nos saca ronchas porque las oportunidades están cuando esas personas quieran y no hay que estar atentos como nosotros, los de la clase media, para que cuando llegue esa oportunidad, no la dejemos pasar. Somos únicos no por nuestros nombres. Somos los jaguares de Sudamérica o no?

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