La reforestación sigue siendo un tema pendiente en la región ​

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Durante el primer trimestre del presente año iniciaron las labores para rehabilitar más de 280 mil hectáreas que fueron consumidas por el fuego en la Región del Maule.

Tras la devastación producida por los incendios forestales, llegó la calma; pero también quedó en evidencia la oscura cicatriz que dejó una huella indeleble en más de 280 mil hectáreas de bosques maulinos consumidos por el fuego.

Recuperar los suelos perdidos a través de la reforestación, es una asignatura pendiente en el país. A casi un año de ocurrida la catástrofe, aún no se ha aplicado medidas correctivas y concretas que permita la restauración de ecológica del pulmón vegetal más importante del valle central de Chile.

La principal amenaza es la erosión del suelo. Las autoridades deben luchar contra el tiempo para evitar la infertilidad de las tierras. También, el panorama es preocupante para el próximo verano, considerando que se acerca una nueva temporada de calor frente a bosques cubiertos de carbón y pasto seco, elementos altamente combustibles.

La reforestación es una operación destinada a repoblar con plantación forestales las zonas que históricamente estaban cubiertas de bosque y que habían sido intervenidas por acción natural o humana. Este proceso puede ser lento y, según los expertos, los árboles nativos requieren de 50 años para lograr una altura superior a los 12 metros.

John Gajardo, académico de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Talca (UTALCA), señaló que en la primera etapa de este proceso es necesario contar con un diagnóstico del nivel de daño o alteración del sistema para determinar la condición del sitio y decidir el horizonte de la intervención.

“El tiempo post-incendio para reforestar puede ser breve, no obstante, esto dependerá del nivel de alteración o daño sobre el ecosistema. A mayor nivel de daño, se requiere una respuesta más rápida, pero esto conlleva una mayor inversión de tiempo, un nivel superior de intervención, recuperar otros componentes antes de reforestar, ejemplo el suelo, y más recursos involucrados”, explicó.

Por su parte, la directora regional de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), Andrea Soto, dijo que para una adecuada reforestación se deben contemplar tres etapas: planificación, preparación o habilitación del terreno y plantación.

“La planificación contempla desde la adquisición de insumos como las plantas hasta la presentación de los estudios técnicos ante la Corporación. La habilitación de terreno en tanto, considera la cosecha del bosque anterior, la ordenación de desechos, limpias de sector a reforestar, entre otros. Realizado lo anterior, se puede efectuar la plantación que por lo general, incluye una fertilización y control de malezas”, comentó.

Si bien las autoridades no manejan cifras exactas sobre los avances de reforestación post incendios forestales, Soto estimó que la superficie reforestada superará las 15.000 hectáreas para el presente año, con base en los datos que han recabado hasta el mes de noviembre. Es decir, se estaría recuperando este año el 5% de la superficie dañada.

“No es lo mismo reforestar zonas severamente afectadas por incendios u otro disturbios donde se perdió toda la cobertura y composición, que reforestar zonas donde se mantiene un nivel representativo de la composición, abundancia y nivel de cobertura original. Se debe considerar en lo posible contar con un ecosistema similar al afectado, de manera que sirva de referencia para orientar las decisiones de qué poner, dónde y cuándo, ya que hay especies que son representativas en las etapas iniciales de desarrollo de un ecosistema”, explica Gajardo.

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