Cuando lo anómalo pasa a ser costumbre.

Esta nota tiene que ver con la luz, literalmente. Algunos cortes de luz se han producido durante estos días en la capital, provocando una batahola de aquellas a pesar del corto periodo de tiempo de los cortes. A un año del terremoto, en donde imaginaríamos que los servicios básicos —que se llamen “básicos” imagino que significa algo— ya se encuentran en su totalidad repuestos, asombra que aun se mantengan cortes que más que intermitencia, denotan una persitente falta de compromiso hacia la comunidad.

Pasado a oscuras
Pensar que el terremoto ha incidido en la pérdida de la electricidad es una falacia. Previo al sismo y ya varios años antes, la situación eléctrica de Curepto era tanto o más débil, lo que por cierto no justifica la actual situación, pero si deja de manifiesto cuánto interés hay en la zona tanto por parte de la compañía como por quienes desde la autoridad pública debiesen supervisar el cumplimiento de la misma. Por cierto, este problema no afecta única y exclusivamente a la comuna de Curepto, de lo que podrán dar fe los habitantes de todo el sector costero por ejemplo de Licantén, incluso a la propia cabecera comunal.

Tuve la fortuna de vivir varios años en Curepto y recuerdo aquellos refrigeradores goteando en verano e invierno, los televisores inestables y las tardes de velas y radio pensando en el clásico «cómo habrá sido cuando no había electricidad», casi alegrándonos de nuestra suerte. Pues bien, el tiempo ha pasado y a pesar de tener mes a mes nuevos recursos, el servicio brilla por su ausencia que dura un “poquito más” que un par de horas. Reitero que este problema no es por una moda de robo de cables o caídas de postes débiles por un terremoto intenso, sino que se ha convertido en un problema histórico al que muchos han preferido acostumbrarse o comprar sus propios generadores domiciliarios. La anomalía pasa a ser costumbre.

De esto imagino podrán dar su opinión aquellos comerciantes que, además de haber sido afectados por el terremoto que eliminó sus locales, ahora la incompetencia elimina mercaderías y abastos que requieren de la electricidad para mantenerse. Quizá sea interesante consultar también a quienes se mantienen durante la noche en el hospital y tienen que lidiar con noches completas con un ojo en el generador para mantener sus propios servicios y atención de emergencia. Si, riesgo de vidas. O consultar la opinión de los turistas que aportan con su visita a reactivar la economía local acerca de qué les parece esta medida permanente de fomento al turismo.

Consultando a Emelectric
Luego de llamar a la compañía —parte del holding CGE— al teléfono que no puede faltar en ninguna agenda de la costa (600 600 6700), se me explicó que podría tener acceso al historial por cliente únicamente y no por una zona, dado que esa información no están autorizados a entregarla, si no autorizan a entregarla, implica que la información al menos la manejan. En conversación con la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC) la respuesta fue un poco distinta, ya que señalan que esta información es susceptible de ser solicitada por medio de ley de transparencia, teniendo el registro de cada subestación.

Monopolio, compromisos públicos y privados.
Cabe preguntarse en este marco, cuál ha sido el verdadero compromiso de una compañía a la que se asegura un monopolio para el desarrollo de este tipo de servicios en la zona.

Es importante este punto dado que por parte de los usuarios no existe elección al momento de obtener el servicio, como en otros servicios que si tienen esta opción, como los de telefonía. Sabemos que por cada monopolio que se asegura a una entidad privada, debe tener supervisión pública de autoridades. Cabe preguntarse en esta línea, cuál es la definición que para la autoridad regional —institucionalidad pública— tiene el concepto de “conectividad” y si, a fin de cuentas, los ciudadanos del centro valen lo mismo que los que se ubican en la periferia del grafo regional. Imagino que concordamos en que conectividad va más allá de vías físicas de acceso, en este caso a Curepto y la costa. Desde luego, más allá también de la conectividad de datos que día a día expone una paupérrima calidad de servicio. Imagino que concordamos que la conectividad trasciende a los cables, la que aquí no logra ni siquiera llegar a ese nivel.

Crecimiento regional equilibrado y de verdad
En estudios acerca de competitividad regional, hemos visto que logramos en conjunto los peores lugares dentro del listado nacional. Me parece que al plantearse el desarrollo de la región debe también tomarse en cuenta la riqueza que tanto la cordillera como la costa tienen. La depresión intermedia en donde se ubican Curicó, Talca, Linares y en gran medida Cauquenes —capitales provinciales— me parece que tiene foco suficiente como para no considerar la particular situación de ambas zonas más aisladas (cordillera y costa). Inclusive, el potencial económico de ambas zonas debiese con mayor razón poner el foco en su desarrollo, como lo ha hecho desde hace algunos años SERCOTEC Maule y otras instituciones privadas.

Avanzamos rápido a cumplir un año del terremoto. Me parece que la caída de los hogares fue suficiente como para tener que tolerar permanentemente las caídas de servicios básicos y la inacción de una institucionalidad regional indolente que no corta la rienda de las entidades a las que les asegura monopolios.

Sin electricidad, ni pensar en internet.

Deja un comentario

Deja un comentario