Hace unos cinco años, el estudio “Chilescopio: zoom al trabajo” revelaba que el trabajo era el tercer factor más importante para los chilenos. Como cabe esperar, las encuestas indicaron que la prioridad para el trabajador en Chile era la estabilidad y la buena remuneración. También arrojó datos como que la principal motivación para acudir al trabajo (un 88%) era exclusivamente ganar dinero, sin que se sintiesen especialmente motivados para lo que hacían. Ante la pregunta que se hace a los niños “qué quieres ser de mayor”, probablemente no muchos podrían decir que son lo que querían ser, sino que lo prioritario es llevar dinero a casa. Esto se traducía allá por 2014 en un 43% de estrés laboral, menos de la mitad.

Cinco años después, nos alarman titulares como que más del 80% de los chilenos presenta cuadros de estrés laboral, siendo además una de las principales causas de suicidio. Tal y como reflejábamos hace unos días, cada cuatro horas aproximadamente, un chileno se suicida, siendo la situación cada vez más preocupante. No sólo se sienten estresados en el trabajo, sino que les genera ansiedad, insomnio y depresión, lo que ha conducido a un aumento del consumo de antidepresivos hasta el cuádruple que hace unos años.

 

Mientras que numerosas culturas demuestran desde hace siglos que el secreto de una buena salud mental y emocional pasa por estados de atención plena (también llamado mindfulness), los estudios realizados este mismo año reflejan que el 46% de los trabajadores considera tener una sobrecarga de responsabilidades, sin poder discriminar cuál es la prioritaria, y realizando varias tareas a la vez. Es decir, prácticamente la mitad de los trabajadores con enfermedades relacionadas con el entorno laboral acusan este problema, mientras que la segunda causa más indicada es un ambiente laboral inadecuado, incluyendo relaciones interpersonales poco satisfactorias. La alteración en los ritmos biológicos y las condiciones laborales físicas inadecuadas también se encuentran presentes pero en menor medida, ya que sólo afectan a determinadas profesiones.

 

Muy estrechamente relacionada con un entorno laboral insatisfactorio está otra causa de infelicidad y estrés chileno, y es el culto al dinero. Recordemos que, por norma general, en Chile sólo se trabaja con fines económicos y no de autorrealización, pero se ha generado un círculo vicioso en el que es imprescindible trabajar y ganar dinero para ser felices, porque sin dinero, nada tiene sentido, y es que, para empezar, la profesión no tiene sentido para la persona, no le hace feliz. Lo que se ha comenzado a definir como Síndrome del Desdén pasa por una importante crisis de valores y ética en la que se cosifica a los individuos (tanto tienes, tanto vales). Sentimos que sin dinero, nadie nos apreciará, y nosotros hemos comenzado a hacer lo mismo, valorando a las personas por lo que consiguen acaudalar, y esto incluye a la expresión de la propia identidad a través de la moda y la estética, accesible a través del dinero.

 

Parece, por tanto, que el objetivo prioritario pasa a ser conseguir volverse rico para poder tenerlo todo y así lograr la felicidad. El problema se observa a nivel individual pero, ¿qué es la sociedad sino un conjunto de individuos? La sociedad se va volviendo poco a poco víctima de este Síndrome del Desdén, y al final es la misma sociedad quien infecta a los individuos. El problema por tanto no sólo debe ser tratado a nivel individual, sino que a nivel gubernamental y estatal debería plantearse como una situación de emergencia en la que se debe actuar de inmediato. Cuando anualmente más de 1500 muertes son autoinfligidas y de estas, el 90% tienen autores con enfermedades psiquiátricas no tratadas, pasa a ser una cuestión urgente y sensible de ser reformada, sea a nivel cultura, profesional o institucional.

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