Por: Dra. Ximena Quiñones Díaz.

Es necesario conocer la organización y las familias en la actualidad para comprender como ha sido su evolución

A inicios del siglo XXI, dos grandes desafíos que enfrenta Chile son, primero, resolver las inequidades que impiden que todos los sectores sociales acceder a los frutos del crecimiento económico. Segundo, abrir mayores espacios de participación a las comunidades locales y sus organizaciones.
El Pueblo Mapuche ha sido uno de los sectores sociales que con mayor fuerza y constancia ha demandado al Estado y a la sociedad, espacios de participación y políticas públicas pertinentes a su cultura y a su organización socioeconómica.
Entre los actores políticos y sociales existe acuerdo que una mejor integración de la economía mapuche rural a la economía nacional y global aportaría en la reducción de la pobreza y marginalidad en la que vive una parte de la población mapuche rural. Sin embargo, el tipo de integración que las políticas públicas deben promover, aún está en discusión: ¿Deben las políticas orientarse a subsidiar los ingresos familiares? o ¿Deben promover empresas mapuches modernas insertas en mercados exigentes? Por otra parte, las organizaciones mapuches han levantado una demanda por un mayor espacio de autodeterminación política en sus territorios, pero ¿Es posible un proceso de integración económica que permita simultáneamente la autodeterminación social, política y cultural?

Para ayudar a responder a estas interrogantes es necesario conocer la organización económica de las familias mapuches rurales en la actualidad y comprender como ha sido su evolución.
A pesar del sostenido crecimiento agropecuario del país y de las políticas de fomento agrícola aplicadas en comunidades mapuches, se observa una disminución del aporte de la agricultura en el ingreso de las familias. En paralelo, aumenta el aporte de salarios, subsidios sociales y actividades rurales no agrícolas. No obstante, las familias siguen manteniendo su agricultura. Esta realidad ha sido interpretada como un proceso de adaptación y resistencia de la economía campesina mapuche frente a las presiones del mercado, pero también se puede interpretar como la consolidación de estrategias de diversificación de ingresos como consecuencia de las dificultades de la fuerza de trabajo mapuche rural -en su mayoría de baja escolaridad y calificación- para insertarse en empleos bien remunerados o para consolidar emprendimientos por cuenta propia que generen ingresos suficientes para sus familias.

Hoy en día, la Región del Maule recibe cada año un importante número de trabajadores mapuches para la cosecha de frutas. De esta forma, profesionales de la región que se desempeñan en salud, educación, agricultura, comercio y servicios públicos, se relacionan cada temporada con los migrantes mapuches, muchos quienes se establecen en forma definitiva en nuestra región. Además, en los últimos años las empresas frutícolas de la zona central se instalan en La Araucanía, cerca de comunidades mapuches que ofrecen una abundante mano de obra no calificada y de bajo costo.

Nuestra región está marcada por la presencia mapuche, de la cual quedan manifestaciones vivas como el Baile de Los Negros de Lora o familias que aún conservan sus apellidos indígenas. Aquí también se localizan sitios históricos que dan cuenta de la importancia de la presencia mapuche en la zona, como el lugar donde muere Lautaro.

La Universidad Católica del Maule, a través su Consejo Editorial, presentará el próximo miércoles 3 de diciembre, el libro “Pasado y Presente de la Economía Rural Mapuche: Elementos de análisis para la comprensión de un conflicto vigente”, de las autoras Ximena Quiñones Díaz y Judith Gálvez Díaz, de la U. Católica del Maule y U. de Chile, respectivamente, cuyo objetivo es poner a disposición de la comunidad un trabajo que aporte en la comprensión de la situación actual del Pueblo Mapuche y que nos convoque a reflexionar sobre los desafíos de construir en conjunto una sociedad más inclusiva y con mayor equidad.

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