Por: Luis Edo. Marqués Silva de Balboa

La ciudad de Talca y la dinámica social que ostenta contrasta hoy fuertemente con lo que fue y ha sido la historia de la ciudad. Pareciera como si la anti-historia se hubiera apoderado de la vida pública y deseamos analizar los motivos y consecuencias de este fenómeno integral. Talca es una ciudad donde desapareció su aristocracia, en el sentido lato de la palabra, y su reemplazo ha sido mixto y con carencias.
Para ello, debemos remontarnos tan lejos como a los años que se inician con el término del gobierno de Jorge Alessandri 1964, y los inicios de la Democracia Cristiana y su gran Revolución en Libertad.
Esta revolución iniciada a la mitad de los años sesenta tocó muy particularmente al campo chileno, y Talca es por sobre todo una sociedad agrícola, con la mentalidad e idiosincrasia que le es propia a esa actividad.
La derecha política talquina en esos años venía siendo representada por dirigentes muy vinculados a la vida de la ciudad, como fue el caso de Guillermo Donoso, Luis Parot Smith; Donoso en su auge político contó con un tremendo apoyo, ese auge tuvo, como todo, también su marcada decadencia en sus últimos años de su vida pública.
No es menor el anotar que la construcción del Embalse del Rio Maule en la alta cordillera significó la llegada a Talca de una gran fuerza laboral en esos años de tremendo arraigo de izquierda, nace en esos años un perfil izquierdisante en la vida talquina y emergen con vigor los partidos comunista y socialista en la ciudad.
Tampoco podemos dejar de lado la presencia de los Obispos católicos de la ciudad en esas épocas, muy particularmente Manuel Larrain y Carlos González, ya que nada había significado en el campo social mi pariente y primer Obispo de la Diócesis Carlos Silva como tampoco el actual y cuestionado Obispo Horacio Valenzuela, ambos figuras retóricas de una Iglesia sin pena ni gloria. No así Larraín y González que marcan una inflexión tremenda en todo el país y abogan a partir de las encíclicas de León XIII la doctrina social de la Iglesia interpretada por el filósofo Jacques Maritain en Francia. Ahora si hablamos de la “derecha talquina” debemos decir que a la derecha integrista pertenece el señor Horacio Valenzuela y su dependencia del Opus Dei español lo confirma, a tal punto que dio de baja sacerdotes ordenados por don Carlos González por ellos no responder al perfil sacerdotal que él considera válido. Esta aberración evangélica pasó desapercibida en la feligresía.
Estos son los desordenados elementos generales de la vida talquina en lo público de la historia que la hemos querido iniciar en los años sesenta. La Reforma Agraria devastó a la derecha talquina que no tuvo la capacidad empresarial todavía de crear una agro industria. Como si esto fuera poco, a los inicios de los setenta asume el poder vía democrática el primer gobernante marxista del planeta, Salvador Allende. El pánico se esparció por toda la derecha e iniciaron el arreglo de los closets y las maletas ya que nadie pensaba en sus inicios en un posible golpe de Estado. Chile inexorablemente caminaba hacia un gobierno marxista completo.
La mayoría de la gente clásica de la derecha talquina con dinero no dio el pecho y se alistaron ara abandonar el país, unos partieron a España, como Alfonso Letelier, presidente de nuestro Partido Nacional en Talca, y la gente de derecha sin plata, no le quedó de otra que formar parte de la resistencia al marxismo con muy escasos recursos y abundante retórica y violencia. Patria y Libertad nació.
La gente de estirpe tomó palco, y surgieron líderes aparecidos de segunda clase o sin clase alguna, ni en lo social ni en lo político, así fue diputado del Partido Nacional el comerciante detallista Silvio Rodríguez, que para nada jamás ha sido representativo de la derecha talquina. Rodríguez llena el vacío de los agricultores empobrecidos o aterrados por la Reforma Agraria y el marxismo, mientras para él el ser diputado fue parte de su condición de trepador.
La derecha suspiró con el golpe militar y muchos recuperaron sus campos y otros su poder, principalmente económico.
No faltaron los diputados “de derecha” que hicieron uso de las indemnizaciones diseñadas para los que fueron perseguidos, es la manera como un inmoral entiende “la igualdad ante la ley”.
Durante el gobierno cívico-militar pasaron muchas y graves cosas en Talca, existió la traición, la delación y el crimen. Se consolidó la descomposición moral de la sociedad.
Pasado aquello, pasado el régimen de la represión se fueron abriendo los espacios políticos en la ciudad. Otros partidos de derecha emergieron, RN y la UDI, cuyas diferencias parecen ser un asunto de poder más que doctrinal, el pragmatismo los vincula.
La derecha talquina cae en manos de dirigentes mediocres, unos de clases media y otros absolutamente aparecidos y sin vínculos algunos con las tradiciones culturales y sociales de la ciudad, es el caso del Diputado Germán Verdugo, un oscuro abogado, y Juan Castro, un negociante de fierros, lo que convierte en empresa. El caso de Pablo Prieto, el futbolista de la UDI, no logra ser elemento de análisis. Juan Castro resulta ser un “hecedor de cosas” y un buen negociante, atributos que pasados a la política trazan una débil línea gris entre sus intereses personales y los públicos.
De aspecto rudimentario, el Alcalde se ve enfrentado a un claro desmoronamiento ético de su municipio con la reciente formalización de tres concejales y además la petición formal que se hace para su destitución ante el Tricel, lo que se espera sea ventilado el próximo 18 de este mes.
¿Dónde está la real y sólida derecha talquina?-
Talvez en algunos fundos, parcelas y piscinas gozando de los privilegios de la indolencia, del dinero reciente, y la vestida ordinariez la que se ha elevado al nivel de culto.-

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