Por: Luis Edo. Marqués Silva de Balboa

El incidente de la solicitud de Destitución del señor Alcalde de Talca Juan Castro Prieto, tuvo el desenlace que todos conocían, entre otros motivos, por la pobre fundamentación de los hechos y derecho de la materia.
Pero esta situación ha colocado al Alcalde más cerca de sus ambiciones personales sin límite y se podrían dirigir a representar a nuestra comunidad como senador de la República, compitiendo con el actual y afuerino senador Juan Antonio Coloma. El Alcalde, con su dinero, desea agregar a su currículo el haber sido candidato a senador, y con ello perfilarse como un líder de la alicaída derecha talquina. No es primera vez que un comerciante pretende representar este sector.
Para esto Juan Castro piensa que puede recoger dos descontentos: la pobre imagen local, no nacional, del senador Coloma, y el descontento publicitado hacia el gobierno de la Presidenta Bachelet, digo “publicitado” debido a que conozco de la enorme campaña publicitaria de la derecha para menoscabar al actual gobierno y encontrarle todo malo. De tal forma impactan estas campañas que ya hay encuestas que dan cuenta de un descenso en la popularidad de la mandataria.
Así, “ un hombre de trabajo “ o sea “ un emprendedor del pueblo “ se sube a una clase y sector político que no lo representa, pero él pretende representarlo a ellos. En el hecho, la movilidad social y la permeabilidad social también tienen sus límites.
“Los árboles no crecen hasta el cielo” señaló el sabio don Francisco de Quevedo y Villegas, el mismo que habló en 1595 del ” poderoso señor don dinero “.- Ambos refranes de intelectual alcurnia calzan con los anhelos del señor Alcalde.
¿Conoce el Alcalde el mundo de las ideas?, ¿Conoce el Alcalde alguna doctrina o concepto del rol del Estado o los fundamentos teológicos del Libre Mercado extraídos de Santo Tomás de Aquino, y no teológicos como de Milton Friedman? Tiene algún bosquejo cultural que le permita dibujar el ser humano del futuro en la sociedad chilena y encausar sus aspiraciones? Será siempre este político una trompeta que soplen otros en lo doctrinal y sabio del liderazgo?
Hay quienes entienden el liderazgo como el que lleva aquella vaca a la que se le cuelga una campana que atrae por los campos a las demás. Hay otros que piensan que el liderazgo es simplemente el aglutinar gente que se convierten en “seguidores” o peor aún en adherentes. Aquellos y estos pierden la razón y claudican en el dogma emocional de apoyar hipotecando sus propios oxígenos y esperanzas. Hacen entrega de sus esperanzas a otras personas, “ se sienten interpretados “.
Max Weber, el gran sociólogo alemán describe estas adhesiones casi pasionales como la claudicación del individuo, y lo compara con las brigadas juveniles nazis, estos “actos de fe” son conducentes al fanatismo, la más peligrosa enfermedad social de nuestros tiempos.
Perdido el discernimiento, todo es posible, todo justificable y la política sin matriz ideológica se transforma en algo pedestre, que significa solamente el defender intereses y el tener la capacidad o las ganas de defender intereses no es lo mismo que ser un político, menos un líder.
Nadie le puede quitar las ganas al señor Alcalde, y ganas es lo que más tiene, la pregunta es saber si es suficiente en Chile con tener ganas.
Las ganas mesiánicas, o sea el convertirse en salvador es algo común, pero tal como apunta en su libro el doctor en liderazgo Profesor Roberto Vega, Vicerrector Académico de la Universidad Finis Terrae, “el liderazgo es la capacidad de inspirar, motivar y crear un equipo que hace suyo el anhelo de un grupo o comunidad”, hoy los líderes no son la imagen y semejanza de Tarzán en la selva saltando por encima de los árboles para salvar a la Mona Chita o a la pobre joven a punto de ser abusada. Hoy los líderes son representativos de equipos aglutinadores e impulsores de un plan común, conocido y votado, no solo un programa, también una esperanza y anhelo superior.
Una de las razones del desprestigio de los políticos es por su suculenta mediocridad, el sentido de corto plazo de sus ambiciones tanto personales como para sus seguidores, la incoherencia regular es algo que socaba la prestancia que la función pública impone.
Pero de esa mediocridad somos todos culpables al no saber elegir. La frase “da lo mismo” nos condena a promover la pobreza personal de nuestros dirigentes políticos en Talca, y seguramente en el resto del país. O sea la indolencia del ciudadano que claudica y no lucha por la excelencia, en esto y en nada.
Hago un llamado a cautelar la calidad objetiva, a evitar que el compadrazgo son guíe mal, incluso la complicidad, y a ser libre en nuestras elecciones y grandes en nuestras decisiones.-

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