Un equipo de investigadores del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) recorrerá las zonas de secano de la región del Maule, para obtener muestras de tejido vegetativo de vid, es decir, hojas o brotes tiernos que permitan descubrir mediante un análisis genético el patrimonio vitivinícola no identificado, el cual podría convertirse en un elemento enriquecedor para la industria del vino nacional.

Para llevar a cabo este proceso de recolección la investigadora y enóloga de INIA Raihuén, Irina Díaz, invitó a los productores de la región a participar en el estudio que contempla una visita técnica de los especialistas de INIA para la evaluación en terreno, la extracción de muestras y posterior análisis en laboratorio. “Es importante aclarar que, en una primera instancia, los interesados tendrán acceso a un documento que detalla el objetivo del proyecto, sus derechos y las restricciones de INIA en relación a este tema, de este modo, habrá conocimiento de ambas partes para comprender el proceso y motivar a los productores”, especificó.

En tanto, el Ingeniero en Biotecnología Molecular de INIA La Platina, Nilo Mejía, explicó que resulta de gran interés poder acceder a los predios de los productores de vides antiguas, lo que permitirá recopilar y estudiar con precisión los materiales obtenidos, para posteriormente valorizarlos genética, enológica y agronómicamente. “Al tener claridad del recurso genético con el que estamos trabajando, podremos ofrecer y transferir material a los viticultores o utilizarlos en programas de mejoramiento genético”, explicó el investigador.

El aporte de este proyecto será invaluable, agregó Irina Díaz, quien detalló que las variedades actualmente subutilizadas (como Moscatel Negra, entre otras) tienen un rol en el futuro muy específicos ya que, además, muchos de estos materiales desconocidos o no utilizados hasta hoy, poseerían características sensoriales únicas y diferentes, pudiendo aportar un potencial de diferenciación para la industria del vino.

En este proyecto de investigación participa, además, la Cooperativa Vitivinícola Loncomilla de San Javier, entidad con una trayectoria en el cultivo de la vid y producción de cepas patrimoniales de más de 50 años en la zona del Maule. El equipo técnico está formado también por los profesionales de INIA Marisol Reyes, Nicolás Verdugo y Viviana Barahona.

La iniciativa es apoyada por el Gobierno Regional del Maule, a través del Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC).

¿Por qué la región del Maule?

La enóloga Irina Díaz destacó que las razones que justificaron la elección de la región del Maule para comenzar el estudio se relacionan directamente con sus tradiciones. “Los viñedos del secano maulino son ricos en patrimonio genético vitícola. Su historia está marcada por la llegada de los españoles y esa diversidad varietal vitícola está en las parcelas antiguas, en las fachadas de casas antiguas y en las cepas con más de 30 años que están en los jardines de las casas. Por eso, nos interesa, sobremanera, que los productores se motiven en participar de este proyecto”.

Las cepas comercialmente en desuso que se identifiquen como parte de la diversidad vitivinícola maulina, independiente de su potencial, serán preservadas y valorizadas en los sitios donde se encuentren, en colecciones de recursos genéticos, en parcelas experimentales y en liceos técnico-agrícolas vitivinícolas del Maule, para diversificar la oferta de productos enológicos y ofrecer alternativas comerciales nuevas a partir de materiales tradicionales.

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