El hecho de que Chile sea un país pequeño no implica que no podría tener un impuesto a la riqueza, fue uno de los planteamientos que hizo el destacado economista e investigador de la Universidad de Zurich, Florian Scheuer, durante un seminario organizado por la Universidad de Talca, en el que presentó su último paper Taxing Our Wealth”, que será publicado por Journal of Economic Perspectives.

Scheuer, quien es experto en gravámenes a la riqueza, afirmó que, en el caso de nuestro país, “aplicar impuestos a los ingresos personales y a las ganancias de capital es fundamental si el propósito es lograr una redistribución de ingresos más equitativa y recaudar recursos fiscales”.

El economista explicó que, en estos tiempos de pandemia, “los principales beneficios de los impuestos sobre el patrimonio son que pueden aumentar la progresividad del sistema fiscal general, dado que la riqueza suele estar extremadamente concentrada, y generar ingresos adicionales para el gasto público que tanto se necesita”. Subrayó además que, en Latinoamérica los impuestos a la riqueza podrían aportar para construir una clase media y calmar los ímpetus ultra reformistas

La investigación de Scheuer mostró cómo muchos países desarrollados han experimentado aumentos considerables de desigualdad debido a la extraordinaria concentración de fortuna en un porcentaje de la población. Para disminuir esta brecha sugiere aumentar otros impuestos y cerrar ciertos privilegios tributarios que poseen los multimillonarios. En Chile, el tema ha estado en la discusión pública desde el 2020. Específicamente, en el parlamento chileno se discute un proyecto que propone un impuesto de 2,5% a las grandes fortunas del país, esto con el fin de recaudar más fondos fiscales como una posible solución tanto para los temas de desigualdad como para lidiar con los desafíos y gastos de la pandemia.

Debate

El seminario online, que tuvo alta participación, fue moderado por la economista y académica del campus Santiago de la Universidad de Talca, Andrea Bentancor. Durante el evento, se realizó el relanzamiento del Centro de Investigación en Economía Aplicada (CIEA) de la Facultad de Economía y Negocios y contó con la participación del académico de la Universidad Católica de Chile y ex ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés; y del asesor tributario de dicha cartera y docente de la Universidad Adolfo Ibáñez, Claudio Agostini.

Valdés, debatió que “el tema del impuesto a los superricos es muy interesante, pero también hay que analizar los riesgos porque en la práctica tiene bastantes deficiencias y no hay que ser demasiado optimistas pensando que resolverá todos los problemas de fondo”.

Agostini, por su parte, indicó que “una excelente discusión podría ser enfocarse en los impuestos a las ganancias de capital, ya que tienen un trato fiscal preferencial y esta ventaja favorece principalmente a los hogares de altas rentas, algo que aumenta la desigualdad, como se evidencia en Estados Unidos”.

El director del CIEA, Bernardo Lara, quien es académico del Campus Santiago de la UTalca, explicó que el centro “busca conjugar el análisis académico de alta calidad con los temas de interés de la política pública, algo que hoy se logró gracias a los invitados y el privilegio de tener un expositor que es referente a nivel mundial”. Respecto al impuesto a la riqueza, el opinó que “en conclusión, implementar nuevos sistemas impositivos no es una tarea simple, si no que requiere de mucho análisis para entender si sus efectos se condicen con los objetivos buscados y hoy quisimos aportar a ese debate a través de nuestro rol como educadores”.

Experiencia internacional

Florian Scheuer planteó en la década de 1990, doce países europeos aplicaron un impuesto anual sobre la riqueza neta. Para 2018, solo cuatro (Francia, Noruega, España y Suiza) aplicaban esa carga.

“Suiza recauda más del triple de ingresos como una fracción de los ingresos totales (3,9 %) que cualquiera de los otros tres países. En 2018, Francia reemplazó su impuesto anual sobre el patrimonio con un impuesto solo sobre los bienes inmuebles”, puntualizó el economista.

Añadió que “a primera vista, esto, por supuesto, no es un buen augurio para los impuestos sobre el patrimonio. Pero estos fallos han sido provocados por problemas de diseño particulares”.

Primero, detalló, los umbrales de exención fueron relativamente bajos en la distribución, “lo que llevó a fuertes esfuerzos de lobby para obtener exenciones y, en última instancia, a la erosión de la base tributaria”. Por ejemplo, dijo que muchos tipos de activos generalmente estaban exentos o sistemáticamente infravalorados, como los bienes raíces y las empresas administradas por sus propietarios. “Muchos países también establecieron límites al impuesto sobre el patrimonio como porcentaje de la renta imponible para hacer frente a los problemas de liquidez, pero esto al mismo tiempo anuló el sentido de los impuestos sobre el patrimonio de aumentar la carga fiscal sobre los más ricos”, agregó el profesor de la U. de Zurich.

Una segunda dificultad que identifica es que “todos estaban plagados de problemas de evasión, ya que la riqueza se auto informaba sin reportes de terceros”. En particular, indicó, la mayoría de los impuestos sobre el patrimonio europeos son anteriores a los recientes esfuerzos de aplicación, como el intercambio automático de información sobre cuentas bancarias, que ha experimentado avances en los últimos años.

“En tercer lugar, y lo más importante, hay una intensa competencia fiscal entre países debido a un sistema fiscal basado en la residencia. Esto es diferente de los Estados Unidos, el cual es un país más grande, por lo que es más difícil mudarse al extranjero y, en segundo lugar, y lo que es más importante, tiene un sistema de impuestos basado en la ciudadanía, así como impuestos de salida sobre la renuncia a la ciudadanía”.

El investigador resaltó que estos aspectos de diseño muestran que, “si bien debemos tratar de aprender de los fracasos de los impuestos sobre el patrimonio europeos, no está claro que las propuestas modernas de impuestos sobre el patrimonio en otros países también fracasen. Y a pesar de algunos de los mismos problemas, Suiza ha podido recaudar cantidades significativas de ingresos de manera consistente con su impuesto sobre el patrimonio y ha mantenido el apoyo popular con regularidad”.

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