Igualdad de género: brechas y desafíos de una deuda histórica

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Gobiernos, instituciones y organizaciones de la sociedad civil buscan revertir una realidad que se mantiene instalada en la conciencia -o inconsciencia- de muchas personas: la desigualdad de género y los prejuicios sobre los roles que les cabe cumplir a mujeres y hombres.

Cuesta convencer a Sonia, una mujer casada de Hualañé, que ella es un aporte efectivo para su hogar, ya que, desde su punto de vista, no es así. “Jaime, mi marido, es el que trabaja y se preocupa de que no nos falte nada. Yo solo estoy en la casa y me preocupo de los niños”, afirmó convencida.

Las palabras de esta maulina revelan la gran distancia con que el tema de “igualdad de género” se vive en la cotidianeidad de miles de hogares donde muchas veces, de manera prácticamente inconsciente, se replican conductas que siguen perpetuando un modelo que valoriza el rol del “proveedor” masculino, en desmedro del trabajo -en este caso doméstico- que realiza la mujer.

Lo que ocurre al interior de este hogar no es menor, ya que según explicó la directora del Centro de Psicología Aplicada (Cepa) de la Universidad de Talca (UTALCA), Soledad Schott, el primer núcleo social en que se evidencia el paradigma de la igualdad o desigualdad de género es en la familia.

“Los estereotipos de género tienen un fuerte arraigo en la socialización que determina qué actividades corresponden a uno u otro sexo y, sin duda, parece familiar la imagen del niño que recibe autitos de regalo, mientras la niña recibe un juego de tacitas”, explicó.

Soledad Schott agregó que “esta realidad, que para nosotros es habitual, también cambia a nivel regional, por ejemplo, en el sur, que fue colonizado por otras culturas como la alemana o la italiana, mientras que en el campo siguen primando ‘lo masculino y lo femenino, aparte y diferenciado’ aunque algún cambio se ha notado últimamente con la apertura de los jóvenes a la ciudad”.

ROLES

Hace 27 años Chile ratificó la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (Cedaw, por sus siglas en inglés), instrumento internacional adoptado por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1979, pero la adecuación normativa requerida y los esperados cambios culturales en nuestro país han tomado más tiempo del que se esperaba.

Para Soledad Schott, entre las causas de esta demora se encuentran las dificultades para erradicar el ‘patriarcado’, cuyos efectos incluso se manifiestan en conductas que trascienden la esfera familiar. “Estudios señalan que ya desde el jardín infantil las mismas educadoras de párvulos transmiten esta inequidad de género, es decir, sobre todo lo que se relaciona con el tema de las matemáticas. Se ha concluido que desde la edad preescolar se incentiva a los niños con las matemáticas y a las niñas con temas de ciencias sociales”, planteó.

La abogada de la Secretaría Regional Ministerial de la Mujer y la Equidad de Género (SernamEG), Alba López, añadió que “la asignación de roles siempre ha sido motivo de conflicto, toda vez que se ha subordinado a la mujer a la mantención de un rol tradicional de crianza, educación, cuidado de los hijos y/o adultos mayores del hogar, labores todas sin valor de cambio por lo que se menosprecia lo femenino respecto de la asignación del rol de proveedor, o rol masculino. Por esa razón, si usted le pregunta a una mujer mayor qué es lo que hace, con frecuencia ella contestará: ‘soy dueña de casa no más’”.

DESAFÍOS

Pese a que en las últimas décadas se han impulsado a nivel nacional y regional varias iniciativas orientadas a promover la equidad de género, hay varios desafíos que abordar.

“Para trabajar la desigualdad hay que reconocer que hay necesidades distintas. Por ejemplo, cuando una mujer quiere optar a cargos directivos, la flexibilidad horaria es súper importante; el tener apoyo con los cuidados del niño; a nivel de gobierno poder facilitar cuidadores o multiplicar las salas cunas en las empresas. Saber que las carreras profesionales dentro de cualquier entidad no sólo hay que equipararla a nivel de remuneraciones, sino que también favorecerla a nivel de necesidades reales como son la lactancia o el cuidado de los niños, dándole al varón mayores facilidades para poder colaborar”, agregó la directora del Cepa, Soledad Shott.

Coincidió con ella Alba López, del SernamEG, quien enfatizó que la conciliación en el cambio que provoca la nueva definición de roles se consigue “apelando a un cambio cultural, mejorando el trato entre hombres y mujeres, entendiendo que somos diferentes naturalmente, pero a partir de esas diferencias reconocer igualdad de derechos y oportunidades”.

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