En la ciudad de Talca y en muchas de nuestro país, existe una alta tasa de discriminación a las personas que trabajan en el comercio sexual, olvidando a veces los motivos por los cuales ellos están ahí, que en realidad son bastante genéricos. Haciendo una investigación la semana pasada en el ex Barrio Rojo de Talca, pude ver que la llamada “vida fácil” no tiene mucho de fácil. Son personas que a pesar ganar dinero a costa de la prostitución o variados tipos de actividades, sufren por tener el rechazo vivo de la sociedad, y lo digo con todas sus letras, ya que si nos damos cuenta, la sociedad es quien hace que no tengan las mismas oportunidades que tienen las personas con otros trabajos, que se ven mejor con el ojo del juicio y no con el de empatía.

La gran mayoría de las que trabajan en éstas direcciones son transgéneras, o sea personas que biológicamente nacen con un sexo, pero que con el paso del tiempo lo modifican para pertenecer al sexo opuesto. Claramente es complejo entender entre toda la gama de variaciones que hay dentro de este mundo, pero principalmente me quiero enfocar en ésta, ya que es la que más abunda, es una de las menos conocidas y una de las más criticadas. Ellos, siendo mujeres la mayoría, día a día salen a la calle a buscar una ocasión para ganar dinero. Todos podemos deducir cómo, pero según lo que de su boca me dijeron, no lo hacen por un disfrute, sino que por necesidad.

Según lo adquirido en la investigación, ellos tienen organizaciones para poder salir adelante, dentro de una sociedad que no está desarrollada y que aún piensa que estos temas son tabúes escondidos y que deberían dar vergüenza. Las cosas ya no son tan así. Ahora debemos pensar en que ellos también trabajan, también deben pagar cuentas, aportar a sus familias, pero con la diferencia que es ser discriminados por personas que no sabemos cómo funciona su mundo, no sabemos que lamentablemente deben soportar por mantenerse vivos un trato que no es el mejor, que no a veces suave y que no pueden ni salir a la calle en paz, como la mayoría de nosotros lo hace.

Todos los trabajos son dignos. No son todos iguales, pero ayudan a que la persona se dé cuenta el valor que tiene. Éste tal vez no sea el mejor, pero hace que mujeres nos muestren que tan valientes son al enfrentarse día a día personas que no conocen, que no sabe cómo pueden reaccionar o cuáles son sus costumbres. Como sociedad, como habitantes talquinos, veamos la verdad y pensemos que la vida de aquellas personas no es fácil y que no tenemos por qué hacerla más difícil. Sólo seamos cautos y respetemos los derechos que ellos también tienen como ciudadanos.

Por: Eka Medel

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