Con el objetivo de inculcar hábitos saludables se instauró agosto como el Mes del Corazón. La idea es evitar dolencias a dicho órgano, que son la causa más común de muerte en Chile y el mundo.

El director del Magíster en Ciencias Biomédicas de la Universidad de Talca, Sergio Wehinger, explicó que “las dolencias más comunes son la enfermedad coronaria, conocida como ataques o infartos cardíacos; las insuficiencias cardíacas, que es cuando el corazón va perdiendo con el tiempo su capacidad para bombear la sangre; y las cardiopatías congénitas, que son malformaciones del corazón con las que se nacen y pueden ocasionar problemas durante la vida”.

El académico agregó que también existen “las endocarditis, que es cuando hay inflamación del corazón por microorganismos infecciosos, y la cardiopatía reumática, cuando el sistema inmune ataca al tejido cardíaco como consecuencia de una infección mal tratada”.

Además, dijo, hay que tener especial cuidado con las enfermedades «que consideran todo el sistema cardiovascular en su conjunto, de manera que incluye a las enfermedades cardíacas mencionadas, además de la hipertensión, enfermedades cerebrovasculares y vasculopatías. Este conjunto de enfermedades constituye la causa de muerte más importante del mundo en la actualidad”.

Wehinger señaló que pueden prevenirse, ya que en el desarrollo de la mayoría de ellas son muy importantes los hábitos de vida. “Es clave tener una dieta saludable, eso significa disminuir el consumo de grasas saturadas y el exceso de carbohidratos de rápida absorción y favorecer el consumo de frutas y verduras, carnes blancas y pescado, fuentes de ácidos grasos omega-3 y antioxidantes. En este sentido es muy recomendable la denominada Dieta Mediterránea”, detalló.

Hacer actividad física. “Está más que comprobado que el ejercicio adecuado es un factor protector muy importante del corazón. Se puede comenzar incluso con salir a caminar una media hora al día (cuando se pueda, desde luego, dada la pandemia)”.

Sobre este punto, el académico del Centro de Investigación en Trombosis de la UTalca, Diego Arauna, agregó que “se debe disminuir principalmente la presencia de factores de riesgo cardiovascular como obesidad y sedentarismo. Para esto, la incorporación de una dieta balanceada (alta en verduras y frutas, baja en carbohidratos y baja grasas no saludables) y ejercicio físico moderado (3 veces por semana) son herramientas de gran utilidad”.

Además, ambos recalcaron que se debe reducir el consumo de sal y dormir lo suficiente para evitar la hipertensión, así como disminuir el consumo de alcohol y dejar el tabaco.

ALIMENTOS QUE FAVORECEN LA SALUD DEL CORAZÓN

Sergio Wehinger dijo que los estudios sugieren que “todos aquellos alimentos que aporten ácidos grasos insaturados y de tipo cis (un tipo de estructura que poseen los ácidos grasos) son cardioprotectores. Uno de los casos más conocidos son los ácidos grasos omega-3, presentes en pescados, mariscos, semillas y sus aceites derivados y frutos secos como las nueces. Lamentablemente, nuestro organismo no los produce. Los ácidos grasos insaturados y en particular el omega-3 mejoran el metabolismo de las grasas y tienden a bajar los niveles de lípidos sanguíneos como el colesterol y triglicéridos y evitan la hipertensión y el infarto cardíaco”.

Otro alimento favorecedor son los que contengan compuestos antioxidantes, “ya que evitarán la formación de placas de ateroma en las paredes de los vasos sanguíneos, que producen infartos. Estos los encontramos en muchas frutas, verduras y frutos secos. Los antioxidantes, entre otras cosas, evitan la oxidación de las partículas lipídicas llamadas LDL (también llamadas colesterol ‘malo’), evitando a su vez que ellas se acumulen en los vasos sanguíneos, previniendo los infartos”.

 

EDAD Y SEXO

Sobre quienes se verían más afectados por estas dolencias, Wehinger señaló que “son mucho más frecuentes desde la cuarta década de vida. Estas enfermedades pueden comenzar desde la infancia o la adolescencia en personas con sobrepeso o con obesidad, pero se suelen manifestar sobre los 40 años, debido a que el daño se va acumulando y a que nuestras células van envejeciendo, y con ello disminuye la capacidad de nuestro organismo para reparar el daño o a adaptarse. Las enfermedades del corazón y de los vasos sanguíneos caminan de la mano con la vejez. Ya por sobre los 65 años, el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares es alto, de manera tal que se vuelve la causa de mortalidad más frecuente”.

Agregó que “los hombres tienen más riesgo de sufrir enfermedades cardíacas que las mujeres, pero en las últimas décadas, estas diferencias han tendido a disminuir, principalmente debido a los hábitos poco saludables presentes en ambos sexos. Una de las principales razones de esta protección en mujeres, sería por un lado debido a que los hombres presentan más conductas asociadas a factores de riesgo (tabaquismo, alcohol, alimentación hipercalórica) y por otro, las hormonas femeninas son protectoras cardíacas. Desde luego, esta protección hormonal pierde fuerza después de la menopausia”.

Al respecto, el académico Diego Arauna, recalcó que las enfermedades cardíacas “se presentan de diferentes formas en hombres y mujeres, debido a sus diferencias biológicas. Los hombres desarrollan de forma más temprana enfermedades cardíacas, sin embargo, factores de riesgo como hipertensión y dislipidemia son más prevalentes en mujeres premenopáusicas. En este sentido, el fenómeno de premenopausia y menopausia induce cambios notorios en la salud cardiovascular, aumentando el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular. Asimismo, cabe destacar que los síntomas de enfermedad cardíaca en mujeres presentan diferencias, siendo más complejo su diagnóstico y un desafío en la medicina actual”.

En tanto, Wehinger detalló que, en cuanto al infarto cardíaco, “hay interesantes diferencias entre hombres y mujeres. Por ejemplo, el dolor asociado al infarto en hombres es mucho más preciso (dolor en el pecho, por ejemplo) aunque se manifiesta cuando hay mayor daño, pero es más fácil de asociar a daño cardíaco, lo que facilita el diagnóstico. En cambio, en las mujeres, las molestias son más indefinidas (dolor de cuello, estómago) lo que dificulta el diagnóstico, pero más tempranas, lo que es una ventaja para la efectividad del tratamiento”.

El académico resaltó que, aunque suelen tener menos riesgo, “en ningún caso debe considerarse que las mujeres están libres de las enfermedades del corazón, ya que la principal causa de muerte en ellas sigue siendo las enfermedades cardiovasculares, al igual que los hombres”.

 

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