Los temas de género han sido áreas de interés hace mucho tiempo, aquí el movimiento feminista ha llevado la bandera de lucha durante muchos años, no obstante, los estudios de masculinidades toman fuerza recién en los años 80 en Chile, asociado a un concepto denominado “nuevas masculinidades” o “masculinidades alternas”, concepto muchas veces criticado (donde comparto varias de las críticas) pero que viene a definirnos hacia donde debemos transitar. En este contexto, Pizarro -2006 Porque soy hombre. Una visión a la nueva masculinidad- señala que las características de estas masculinidades alternas se asocian a 4 ámbitos:

Relaciones con otros hombres: caracterizadas por ser afectivas, cercanas, respetuosas, no violentas, que no implican necesariamente atracción sexual.

Relaciones dentro de la familia: donde todos los integrantes tienen los mismos derechos, existe una distribución igualitaria de roles, por ejemplo, en las tareas domésticas y cuidado de los hijos/as.

Relaciones de pareja: caracterizadas por relaciones bientratantes, igualitarias, donde existe una escucha sin juzgar, respeto y comunicación, entre otros.

Relación con nuestra salud: hombres que se hacen cargo de su salud, que entienden que el dolor no significa debilidad, por tanto, lo muestran, y no necesitan involucrarse en conductas violentas para demostrar su masculinidad.

Nos podemos preguntar entonces: ¿Qué se necesita para transitar hacia el involucramiento de los hombres en estos temas?, lo primero es que se necesita la generación de políticas públicas que permitan por ejemplo la conciliación trabajo-familia, además de incorporar lo doméstico dentro de la paternidad. Pero de acuerdo a mi criterio el verdadero cambio lo podemos lograr si nos acercamos al feminismo. Sí, ese feminismo que hoy ha mostrado fuerza en las universidades, tal como señala Francisco Aguayo (investigador en temas de género) ese feminismo que ha logrado denunciar dinámicas de poder, asimétricas, donde aparecen los hombres como los mayores perpetradores, ese movimiento que ha logrado visualizar que los piropos son una agresión, al tratarse de mensajes que son unilaterales, no consentidos, groseros y agresivos. Por favor, no caigamos en el discurso de que hay piropos buenos y malos, obviamente si el piropo se lo dice su pareja o alguien con quien se encuentra en fase de “conquista”, la connotación es distinta, ya que el contexto es distinto, acá lo que se busca visibilizar es el piropo no consentido.

Uno de los investigadores que sigo, debido a la lucidez que logra del tema, es Luciano Fabbri, argentino, definido como feminista y activista, quien hace alusión a los movimientos anti patriarcales masculinos. Fabbri señala que en el periodo de reflexión de nosotros los varones, necesariamente vamos a ensayar y errar (y muchas veces), por lo mismo estos movimientos no pueden ser individuales sino que deben ser colectivos, señala que es necesario que existan dentro del grupo hombres formados en feminismo, que permita estar en constante alerta de conductas o diálogos machistas, que no permita la auto-complacencia y victimización de los hombres en estos espacios (propio de los movimientos como “amor de papá”), que permita cuidar como estos procesos se hacen públicos, ya que es muy fácil caer en la invisibilización de las mujeres y aparecer como protagonistas, lo que resulta muy paradójico.

Por otra parte, señala que debemos estar en contacto con nuestras compañeras, para lograr que ellas puedan ir midiendo nuestros procesos de cambio, que puedan interpelarnos, que nos muestren las contradicciones y nos orienten a cómo pasar a lo público.

Fabbri señala que debemos evitar el autocentrismo, es decir, incorporar el feminismo para nuestro propio bienestar, sino por el contrario, debemos entenderlo para construir relaciones más justas, igualitarias y éticas, es decir, pensarnos en relación. Plantea que los hombres somos reproductores cotidianos de desigualdad, y beneficiarios de estas condiciones, por tanto, tenemos una responsabilidad ética. En este contexto, existirán resistencias, no es fácil perder el poder o los privilegios que hemos tenido durante años, debemos considerar que hemos sido socializados bajo un sistema que nos ha regalado muchos privilegios. Por tanto, perder estos beneficios nos deja perplejo, desorientados, no obstante, Fabbri señala que perder estos privilegios, implica ganar en libertades.

Por último, menciona que estas resistencias van a venir también de las mujeres (cuestionamientos válidos, por cierto), ya que si solo nos llegamos a involucrar únicamente en el discurso (políticamente correcto) pero no avanzamos hacia las prácticas, el tema no sirve de nada. Incluso puede ser muy peligroso, ya que puede llegar a ser “seductor” tener un discurso más pro y feminista, generándose una manipulación desde el discurso para no perder el poder y los privilegios, lo que resulta perverso. Por tanto, la batalla debe ir en generar reflexión, pero también prácticas en lo cotidiano…no es fácil, pero se puede, lo primero es volvernos feministas.

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