El docente de Educación Parvularia de la UCM, Francisco Contreras, asegura que los niños logran mejores rendimientos cuando se incorporan elementos lúdicos a la enseñanza, incluso hace que los conocimientos sean más permanentes y significativos.

En su proceso formativo, las estudiantes de Educación Parvularia mención inglés, de la U. Católica del Maule, se encuentran desarrollando trabajos que relacionan los aspectos lúdicos junto con el aprendizaje del idioma, empleando para ello diversos recursos didácticos. Esto debido a la evidencia científica que demuestra que el juego es un elemento favorecedor de la enseñanza.
El profesor Francisco Contreras, coordinador de la mención en inglés, explica que “el trabajo consiste en considerar la etapa de desarrollo de los preescolares asociándola con diversas actividades en inglés que el niño o niña pueden hacer participando de manera entretenida”.
Y agrega que la evidencia a través de la investigación demuestra que en la actualidad se requiere que las educadoras estimulen el trabajo lúdico por sobre el academicista.
Así lo reflejan estudios realizados en Estados Unidos a través de cinco años de seguimiento, los que han reportado que a nivel preescolar hay, fundamentalmente, tres grandes categorías: “Child–centered” (también llamado “Play based” o “Play–centered”), es decir, centradas en el niño y con el juego como eje articulador del trabajo; “Teacher–centered” (trabajo académico directo con una alta cuota de memorización, trabajo con guías y papeles en general); y un tercer grupo que es una combinación de ambas categorías.
Según Contreras una vez aplicados nuevos test a los niños cuando ya cuarto básico se ha podido verificar que los que trabajaron con los programas “Play–centered” lograron mejores rendimientos. Mientras que los menores sometidos a una mezcla de ambas estrategias de trabajo, tuvieron los peores rendimientos.
“La brecha observada se evidenció de manera más notoria en el campo matemático y ello daría cuenta que el juego y su conexión con la manipulación de objetos del mundo real aporta la base para el éxito posterior, entre otras, en la asignatura de matemática”, destaca Contreras.
Uno de los problemas, es el juego prácticamente disminuye o desaparece a partir del primer año básico, por lo que es vital incorporarlo como metodología de enseñanza.
“La elaboración de materiales, redacción de breves scripts o libretos en inglés, el uso de la música con instrucciones y léxico básico, entre muchas otras posibilidades hacen que un programa “Play-based” o “Child-centered” enriquezca los aprendizajes permanentes y significativos de los niños y niñas a quienes va dirigido”, asegura el académico.
Las estudiantes de la carrera de Educación Parvularia se están preparando permanentemente al incorporar el juego en rutinas estables como son el “Circle time” y “Story time”. Esto significa que la educadora debe reflexionar y pensar mucho con respecto a la realidad de contexto de los niños con los que trabaja y diseñar múltiples actividades que incorporan el lenguaje, la motricidad fina, la resolución de problemas entre otras habilidades esenciales para el éxito académico futuro.

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