Dra. María Pilar Pomés Correa
Directora de Escuela de Educación Especial U. Católica del Maule

La educación inclusiva al interior de las universidades no es algo nuevo, pero ha sido en esta última década donde las oportunidades de acceso a la formación profesional de personas en situación de discapacidad se han extendiendo poco a poco en las instituciones de Educación Superior. Con el último Foro Mundial sobre Educación, desarrollado en el mes de mayo de este año en Corea del Sur, la sociedad civil coordinada por la UNESCO, ha corroborado al compromiso por una educación inclusiva, de calidad y para todos a través de la Declaración de Incheón, siendo aprobada por 155 países.
Esta declaración propone metas hasta el año 2030, con el fin de garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, promoviendo oportunidades de aprendizaje durante toda la vida y para todos. Se retoma así la perspectiva de la educación como un derecho y se constituye en un “compromiso histórico para transformar vidas mediante una nueva visión de la educación, con medidas audaces e innovadoras”.
Estas metas adquieren la forma de un compromiso por eliminar todas las formas de exclusión, marginalización, disparidades y desigualdades tanto en el acceso a la educación, como a los resultados del aprendizaje y la participación.
Las universidades chilenas han ido avanzando poco a poco en la generación de espacios educativos y oportunidades que faciliten el acceso, permanencia y egreso exitoso de estudiantes en situación de discapacidad. Si bien es cierto, la formación profesional es un derecho al cual todos deberíamos podemos optar, aún existen barreras que limitan la concreción de este derecho fundamental.
La Ley N°20.422, del año 2010, establece normas sobre igualdad de oportunidades e inclusión social de personas con discapacidad, específicamente se señala que las “instituciones de educación superior deberán contar con mecanismos que faciliten el acceso de las personas con discapacidad, así como adaptar los materiales de estudio y medios de enseñanza para que dichas personas puedan cursar las diferentes carreras”.
De esta manera, el marco legal actual impone un enorme desafío a nuestra comunidad, y nos demanda estar preparados, a modificar nuestras comprensiones y también nuestra forma de hacer las cosas. La universidad está llamada a modificarse a renovarse para constituirse verdaderamente en un espacio donde la diversidad sea respetada y acogida.
Como una manera de colaborar en este proceso de renovación de la comunidad universitaria y de transformación hacia formas de ser y hacer más inclusivas, es que la Escuela de Educación Especial de la Universidad Católica del Maule, de la Facultad de Ciencias de la Educación, junto con la Dirección de Comunicaciones y RR.PP. UCM, iniciamos un ciclo de difusión y socialización que invite al diálogo en torno a la inclusión.
Estamos todos llamados a aprender y a reflexionar, pues la inclusión la construimos todos, se constituye en un estilo de vida, en una manera singular de entender el mundo y de vivir el mundo, que nos acerca, nos vincula en un clima de profundo respeto. La inclusión nos irá brindando así, innumerables oportunidades para crecer y desarrollarnos.

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