Que los trabajos artísticos son básicamente de índole vocacional no es ningún secreto. La cuestión del talento es otra de las características que, en algunos casos, se puede cuestionar más o menos. El artista, sea cual sea su disciplina, puede nacer como tal o hacerse mediante la formación.
En cualquier caso, la posibilidad de formarse como artista profesional está más cerca de cualquier interesado que la de vivir de su profesión vocacional.

Pero ¿a qué se debe esta precariedad en el ámbito laboral de un artista? Son todas las profesiones culturales tan inestables?, ¿Hay alguna forma de superar esta barrera a nivel global? Son muchas las cuestiones que rondan este tema y difícilmente se pueden ofrecer respuestas determinantes, sin embargo, algunas claves están claras y se repiten de forma constante.

¿De qué vive un artista?
La respuesta no es la misma para unos y otros ya que la fama y la publicidad, así como algunas modas pueden conseguir encumbrar algunos artistas hasta un nivel muy elevado. Esto hace que los ingresos se multipliquen e incluso, en algunos casos, que se prolonguen en el tiempo de forma pasiva a través del cobro de derechos de autor, de propiedad intelectual y royalties por las ventas de las obras creadas durante su carrera.

Por desgracia, estos casos de éxito son, en porcentaje, muy poco significativos, de modo que la gran mayoría de artistas han de trabajar en una actividad paralela para complementar sus ingresos o deben dedicarse a la enseñanza, las conferencias y la creación de talleres para sobrevivir y lograr cierta estabilidad económica.

¿Cuál es el problema?
Por suerte, las características generales de bienestar de la sociedad actual en los países ricos permiten multiplicar el tiempo de ocio y cada vez son más las personas que se deciden a dedicar este tiempo libre a disfrutar de la cultura y el arte en sus más variadas vertientes. Sin embargo, no todas estas personas están dispuestas a pagar lo que vale la creación de una obra artística o el porcentaje correspondiente en concepto de entrada o tique de acceso.

¿Por qué ocurre esto? Las razones son muchas y muy diversas pero hay una cuestión que se repite de forma casi incomprensible. La idea generalizada de que el artista disfruta de lo que hace y, por tanto, no necesita cobrar por ello, está infravalorando la calidad del trabajo, el esfuerzo que conlleva la creación de la obra, la idea original del creador, los años de formación y experiencia profesional, así como la especialización, el talento y la capacidad creativa entre otros muchos elementos de gran valor.

Es importante luchar contra esta idea mediante la educación general de la población. Solo de este modo se puede lograr la capacidad de valorar el arte y comprender que, al igual que cualquier otra actividad, requiere un esfuerzo que merece ser recompensado.
Si los artistas no pueden vivir con dignidad de su obra, esta se ve perjudicada por la falta de dedicación hacia la misma. Esto ocurre cuando los creadores se ven obligados a trabajar en un empleo secundario para subsistir.

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