El estudio «Determinación del riesgo de los impactos del cambio climático en las costas de Chile», realizado por el consorcio de universidades Católica, de Valparaíso, Playa Ancha, Católica de Valparaíso y Católica del Maule, concluyó que 28 de las 35 playas analizadas del norte y centro del país presentan erosión y erosión alta.

Según define el Ministerio del Medio Ambiente, entidad que encargó la investigación, este desgaste constituye «el retroceso de la línea de la costa y se mide en metros por año (m/año). Se dice que es alta cuando el retroceso de la playa es mayor a 1,5 m/año, mientras que se dice erosión cuando oscila entre 0,2 m/año y 1,4 m/año».

Así, los balnearios con mayores tasas de daño corresponden a Hornitos (Región de Antofagasta), Algarrobo y Santo Domingo (Región de Valparaíso) y Pichilemu (Región de O’Higgins). Ver tabla más abajo. En tanto, con estado estable se categorizaron cuatro playas (11,43% del total) y con acreción sólo tres (8,57%). Aquellas en estado de acreción (que aumentan su playa) son El Encanto (Viña del Mar), Tubul y Llico (Región del Biobío).

Estas dos últimas experimentaron alzamientos costeros de gran magnitud durante el terremoto 27-F. «El cambio climático es una realidad y sus efectos los estamos viendo el día de hoy. Por ejemplo, sumamos casi una década de sequía que afectan al 70% de nuestra población, graves incendios forestales como los sufridos esta temporada, aluviones importantes en el norte, y también hemos sido testigos del aumento en frecuencia e intensidad de las marejadas», señaló la ministra Carolina Schmidt.

«Es relevante contar con información científica sobre cómo el cambio climático ha impactado nuestro territorio y, por eso, el Ministerio del Medio Ambiente encargó a un consorcio de universidades un análisis detallado de cómo el cambio climático está afectando a nuestras costas y playas», explicó y consigna Emol.

Junto con ello, la titular de la cartera dijo que «esta información es muy importante porque nos servirá para hacer planes de adaptación para nuestro borde costero, de manera de que todos podamos prepararnos a través de medidas que disminuyan la vulnerabilidad con la finalidad de disminuir posibles daños económicos, sociales o ambientales y buscar mejorar el desarrollo de actividades en la zona».

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