La tarde de este miércoles se confirmó el fallecimiento de Diego Maradona a raíz de un paro cardiorespiratorio en el marco de su recuperación tras una operación que se sometió a comienzos de este mes.

Maradona había sido operado el pasado 3 de noviembre por un hematoma en la cabeza y fue dado de alta para continuar su recuperación en su casa ubicada en la localidad de Tigre.

El ídolo argentino atravesó al menos tres hospitalizaciones en grave estado de salud en los últimos 20 años y dos veces estuvo entre la vida y la muerte a causa de sus adicciones a las drogas, que dijo haber superado, y al alcohol.

En 2000 tuvo una crisis cardíaca por sobredosis en el balneario uruguayo de Punta del Este y le siguió un largo tratamiento con altas y bajas en Cuba.

En 2004, y con más de 100 kilos de peso, otra crisis cardíaca y respiratoria lo sorprendió en Buenos Aires, pero se recuperó. En 2007 el exceso de consumo de alcohol motivó una nueva internación por una hepatitis tóxica, consigna T13.

Apenas se conoció la noticia las muestras de afecto llegaron de todos los ámbitos del deporte y la prensa argentina manifestó que «se murió un superhéroe». El gobierno argentino, por su parte, resolvió decretar tres días de duelo nacional para despedir al ídolo de multitudes.

Trayectoria

En los últimos tiempos, Maradona fue director técnico de Dorados de Sinaloa en México por un año y a partir de 2019, estuvo al frente de Gimnasia y Esgrima de La Plata.

Deja atrás una turbulenta vida llena de hazañas, derrotas y sobre todo, polémicas.

Algunos quizá lo recuerden por su zurda magistral. Otros, por su irreverencia y sus frases históricas: no cabe duda de que ambas cosas lo convirtieron en una figura tan icónica como polémica. Pero si hay algo seguro, es que Diego Armando Maradona será recordado como uno de los nombres que marcaron un antes y un después en la historia del fútbol mundial.

Maradona comenzó a mostrar el perfil propio de un genio del futbol en una de las zonas más humildes de Buenos Aires. Se trata de Villa Fiorito, el barrio que lo vio nacer el 30 de octubre de 1960.

Ahí se formó dentro y fuera de las canchas, hasta antes de cumplir 15 años, cuando su fichaje con Argentinos Juniors fue la oportunidad perfecta, no solo para dar el salto al futbol profesional cuando todavía era un adolescente, sino para sacar a su familia del desazón, la marginación y la miseria.

Tras 2 años de proezas con Boca Juniors, Maradona se convirtió en la máxima atracción de la selección de fútbol de su país, y aterrizó en el FC Barcelona en España en 1982.

Diego hizo su debut en primera división días antes de cumplir 16 años. A partir de ahí, su técnica, su imaginación y su pegada casi perfecta lo catapultaron al estrellato mundial.  Pero primero vino la selección argentina.

Las gambetas de Diego cautivaron a César Luis Menotti, quien lo citó para defender a la albiceleste, pero luego lo dejó fuera del Mundial Argentina 1978 por su inexperiencia.

Pudo haber sido la primera Copa del Mundo en su vitrina, pero el destino lo hizo esperar. El premio consuelo del Pelusa llegó 3 años después, cuando, ya consagrado como el mejor futbolista del momento, firmó con el club de sus amores, Boca Juniors.

Tras 2 años de proezas con los xeneizes, un Diego ya más hombre y máxima atracción de la selección de su país, desembarcó en Barcelona. Fue un paso sin penas ni glorias, y en el que el jugador apenas pudo exhibir destellos de su magia.

Las lesiones y una hepatitis le impidieron dar lo mejor de sí al Barsa. Desde Italia, el Napoli vio la oportunidad de adquirir a un Maradona devaluado por aquel entonces.

Era 1984 y en el sur de Italia empezaba una historia de amor entre el diez argentino y la ciudad de la camorra. Dos scudettos de la serie a, una Copa Italia y una Copa Uefa fueron los títulos que Maradona le regaló a un equipo napolitano cuyo palmarés antes de eso, estaba casi vacío.

Sin embargo, la cumbre de su carrera, y quizá su vida, ocurrió en el Mundial de México 86.

Según Maradona, el fútbol fue su «salvación» que lo sacó a él ya su familia de la pobreza cuando ascendió en las filas de Argentinos Junior y Boca Juniors. En esta foto, Maradona celebra en los hombros de sus compañeros de la selección juvenil de Argentina la victoria de su equipo 3-1 contra Rusia en el estadio Olímpico Nacional de Tokio, Japón, el 7 de septiembre de 1979.

Era su segundo Mundial, y con casi 26 años el talentoso zurdo llevó a Argentina a la segunda Copa del Mundo de su historia. Lo hizo además con 2 goles en una histórica actuación de cuartos de final frente a Inglaterra, con todo lo que significaba eso, con el recuerdo fresco de la guerra de las Malvinas entre ambos países.  Ese fue el día en el que nació la famosa mano de Dios, consigna CNN Chile.

Fue la hazaña que lo terminó por distinguir como una figura divina, por encima de los mortales. Cuatro años más tarde, su albiceleste se quedó a un partido de también conquistar el Mundial de Italia 1990, un torneo que Diego jugó lesionado.

Descontrol

Pero mientras se acercaba el ocaso de su carrera, esa solemnidad que iluminaba su imagen se fue apagando. La fama y el dinero lo llevaron a perder el control. Y es que para Diego, nunca fue fácil controlar el personaje que opacaba a la persona. En el 91, perdió su primer control de antidopaje: la sustancia era cocaína.

Diego pasó los próximos 15 meses bajo suspensión. Después de eso, intentó retomar su carrera en el Sevilla y también Newell’s, pero el 10 ya estaba en declive.

El Mundial de Estados Unidos 1994 fue su último gran trago amargo en el fútbol. Su ilusión de volver a defender a su país quedó desmoronada cuando la FIFA lo expulsó de la cita por dar positivo con efedrina entre otras sustancias prohibidas. Maradona volvió a recibir 15 meses de suspensión, y junto a eso, su etapa con la selección argentina había finalizado.

Diego se despidió del fútbol en 1997, después de un breve regreso a Boca Juniors.

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