Por: Claudio Montalva Avendaño, Secretario Distrital PDC Talca.

El 5 de Octubre es una de las fechas más memorables de la historia republicana de nuestro país, el día en que millones de chilenos con un simple lápiz grafito y un papel, fueron capaces de poner fin a una de las dictaduras más aberrantes del mundo y decirle al dictador Augusto Pinochet que no querían que continuara en el poder por ocho años más.

Hombres y mujeres concurrieron voluntaria y libremente para decidir que un año después estábamos disponibles para participar de una elección presidencial que terminaría con Patricio Aylwin a cargo de la Nación.

Sin embargo, nada de esto hubiese sido posible sin que años antes hombres como Eduardo Frei Montalva, Andrés Zaldívar, Gabriel Valdés, Ricardo Lagos, Manuel Bustos, Rodolfo Seguel y tantos, pero tantos otros iniciaran una férrea oposición a un hombre que no sólo gobernaba al margen de la Ley, sino que utilizaba cualquier artimaña para ocultar horrendos crímenes a la luz pública.

Fue aquí que la Concertación de Partidos por la Democracia jugó un rol fundamental, el de articular y gestionar la movilización social para recuperar la democracia y proponer una nueva y alegre forma de gobernar… Pero aquí comenzaron los primeros problemas conceptuales, ya que los chilenos no sólo querían terminar con las atrocidades de la dictadura, sino que también querían democratizar al país, fomentar la participación y la inclusión, recuperar la soberanía popular, y por supuesto, cambiar el modelo económico ultra liberal.

Es imposible no reconocer que el mensaje lo entendimos en forma incompleta, y como conglomerado político y Gobierno, nos hicimos cargo de intentar recomponer la vida democrática, pero en la medida de lo posible, y nos hicimos cargo de seguir administrando el mismo modelo, sin quizá darnos cuenta que siendo partidos de centro izquierda le seguimos facilitando las óptimas condiciones a la derecha, tal vez porque era más cómodo o simplemente por temor a los berrinches de los empresarios y manifestado por el ejército con sus recordados movimientos de enlace.

Mucho menos tuvimos la fuerza suficiente para ir más allá y realizar los cambios legales y Constitucionales que los chilenos nos habían mandatado, tanto así, que en el año 2010 los ciudadanos dijeron con toda claridad, que al no habernos hecho cargo de los temas relevantes nos retiraban el apoyo mayoritario que nos habían entregado durante dos décadas, y de nada nos sirvió el mostrar cifras azules, miles de obras ejecutadas y el diseño, desarrollo y ejecución de cientos de programas públicos que beneficiaron a millones de chilenos… Por supuesto, ellos tenían razón, no cumplimos con la totalidad del mandato.

Pero eso no bastaba, además nos alejamos de la gente, los dirigentes sociales fueron despreciados y nos limitamos a generar un proceso de participación ciudadana tímido, sin relevancia y con una Ley casi por cumplir, y para colmo de males limitando la acción del Estado y potenciando la regulación del perverso mercado, donde quedaban los valores y principios social comunitarios?… si, en eso nos convertimos, en meros administradores de un sistema, el mismo que nosotros no queríamos.

Sin embargo, nunca es tarde para aprender de los errores, y los jóvenes nos han hecho un llamado de atención y nos han dicho, aquí están los temas que nos importan, la educación, la salud, el medio ambiente, la inclusión y muchos otros, pero no a medias, sino que a través de reformas estructurales y políticas.

He aquí el desafío que tenemos hoy, trabajar junto a la gente y no de espaldas o por encima de ellos, la vida siempre da nuevas oportunidades, y el llamado que asumimos quienes hoy estamos a la cabeza de los partidos políticos es que Chile no ha dicho nunca más a la Concertación, pero si nos dijo tienen una deuda con nosotros, y a eso estamos llamados hoy, a trabajar, trabajar y trabajar.

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