En la última década se ha convertido en tema de conversación y preocupación la existencia de bullying, maltrato escolar o matonaje en nuestro país y en el mundo; madres, padres, profesores y directivos de establecimientos escolares, entre otros, buscan comprender este comportamiento para proteger a sus hijos y estudiantes de convertirse en víctimas; se hacen campañas escolares contra el bullying, las víctimas van a terapias y los victimarios tienen sanciones, sin embargo, su presencia se mantiene.

Para poder entender el origen y las razones de porqué existe y se mantiene en nuestras salas de clases, debemos comprender que cuando hablamos de bullying estamos hablando de cualquier tipo de maltrato escolar, violencia física o psicológica, cometida por cualquier medio, en contra de un estudiante o un integrante de la comunidad educativa, realizada por otro miembro de la comunidad, que genera una serie de repercusiones psicológicas en la persona que es víctima, las cuales dificultan el desarrollo de un autoestima y autoimagen óptimo.

En general, cuando pensamos en bullying estamos pensando en el acoso u hostigamiento que realiza un estudiante a otro estudiante del mismo establecimiento; es decir, un niño o joven pretende ejercer un rol de superioridad sobre otro que se cataloga como débil o inferior. Existen padres que intentan enseñar a sus hijos a cómo defenderse para que no les hagan bullying cuando en realidad la respuesta debe estar en procurar que no exista el comportamiento abusivo, así deja de existir la víctima que “debe” defenderse.

También hay escuelas en donde se toma la decisión de expulsar al estudiante victimario para “castigar” ese comportamiento, o incluso donde se le sugiere a la víctima cambiarse de colegio para que no se vuelva a encontrar con su victimario.

Pero el foco debe estar puesto en entender por qué se origina la necesidad del victimario de ejercer este tipo de maltrato. Debemos preguntarnos, ¿por qué un niño en etapa escolar siente la necesidad de ejercer violencia en la escuela? La respuesta no es tan simple. Muchas veces se asocia a niños que viven experiencias de maltrato en sus hogares que luego las repiten en la escuela, por lo que estamos hablando de una víctima de maltrato que replica ese comportamiento. En otras ocasiones el comportamiento surge de inseguridades de un niño o joven que como único recurso acude a ridiculizar a otro para evitar que salgan a la luz sus propias inseguridades, temores y “debilidades”.

Debemos poner el foco en una crianza y enseñanza saludable, en donde nosotros mismos como adultos valoremos la diferencia en vez de marginar a aquel que es distinto; el foco no debe estar puesto en sancionar el comportamiento o en fiscalizar que no ocurra, sino en asegurar que nuestros niños tengan recursos emocionales, que sepan expresar sus emociones y frustraciones, asegurar niños protegidos y alejados de la violencia como recurso para resolver problemas.

Deja un comentario

Deja un comentario