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Con la finalidad de acostumbrarte a pasar más tiempo al natural, te recomendamos que dejes tu pijama en el cajón por una noche para que vivas una experiencia redituable. Te encontrarás en la comodidad de tu hogar sin que nadie te vea (a excepción de tu pareja, si es que la tienes, y a él no le afectará –créeme–). Pero para aprovechar al máximo tus ocho horas desnuda, no te limites a dirigirte a tu cama, meterte entre las cobijas y disponerte a dormir. Dedica tiempo para experimentar la sensación de estar sin pijama antes de quedarte dormida. Si te gusta sentir el contacto con tus sábanas, invierte en unas nuevas que sean más suaves a las que estás acostumbrada a usar.

Maximiza la experiencia:

• Disfruta. Si tu recámara tiene una temperatura agradable, acuéstate boca arriba sobre las cobijas, cierra los ojos y relaja los músculos uno por uno, comenzando por los dedos de tus pies y avanzando hacia los hombros, cuello e, incluso, los músculos faciales.

Si por alguna razón hay una corriente de aire en tu habitación, proveniente de una ventana abierta o ventilador, por ejemplo, concéntrate en la sensación del aire al recorrer tu piel descubierta.

• Concéntrate en tu piel. Antes de meterte entre las sábanas, presta atención a cómo se siente la tela en cada parte de tu cuerpo, en especial las que siempre quedan cubiertas bajo la pijama.

• Ponte cómoda. Prueba acomodarte en distintas posiciones para encontrar la más confortable al dormir y así descubrir diferentes sensaciones.

• Espera un poco. Al despertar no te levantes enseguida, aguarda un poco para disfrutar de la comodidad de tu cama. Estira los brazos sobre tu cabeza, también las puntas de los pies; haz cualquier cosa que se sienta bien para desentumir tu cuerpo antes de levantarte. Y una vez que lo hagas: ¡gana puntos y ve al baño sin ponerte la bata!

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