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En el mes de mayo del 2015 el cajón del río Achibueno fue declarado “santuario de la naturaleza” bajo la fuerte gestión de la población de Linares y de un grupo de 60 organizaciones que se unieron para que este hermoso lugar no lo inundaran dos centrales hidroeléctricas. La labor de este pequeño gran grupo fue esencialmente parar la destrucción de uno de los parajes más hermosos con que cuenta nuestro país, tanto es así que este lugar es declarado “la Patagonia de la zona centro de Chile”.

Los linarenses lo cuidan como a su hijo y en honor a la verdad es que tienen sobradas razones ya que el santuario presenta un río cuya calidad de aguas impresiona por su transparencia. La biodiversidad asociada al parque es impresionante y de suma fragilidad encontrándonos con animales como el Pudú (el ciervo más pequeño del mundo) y la Yaca, uno de los 4 marsupiales que habitan en chile.

En cuanto al interés botánico y vegetacional sorprende debido a que se encuentra en una región de transición entre los biomas del Bosque Templado Lluvioso Valdiviano y del Matorral Esclerófilo Chileno por lo tanto encontramos zonas de enormes bosques escalando hasta casi llegar a los picachos. Los Robles, Hualos, Coigues, Lingues y un sinnúmero de especies arbóreas hacen del santuario un verdadero edén.

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En la ruta encontramos arte rupestre denominado “Guaiquivilo”, que son grabados que conforman un arte abstracto con gran cantidad de signos geométricos y ornamentales y que al parecer fueron realizados hace 700 años por la cultura de los Chiquillanes, pueblo nómade que habitó en la cordillera desde Santiago hasta Chillán.

La cantidad de valles en Achibueno son innumerables y todos destacan por que se encuentran ocultos dentro de grandes serranías. Destacan el cerro Toro con sus 3081 metros de la cual se desata toda la cordillera del mismo nombre del cual se desprenden el cajón de las ánimas, el estero nevado, riecillos, la gloria…etc. La conformación de lagos y lagunas de color turquesa contrastan con el glaciar la Gloria que se aprecia en la caminata y mirando hacia el sur, siempre vigilante, el volcán Nevado de Longaví con sus 3242 metros lo hacen muy apetecible de ascender para los osados montañistas.

Nuestro recorrido nos llevará a conocer unas perlas escondidas dentro de los cajones cordilleranos mencionados. Las lagunas de Cuellar han sido muy poco exploradas y pocas personas han tenido la suerte de conocer estos parajes. El contraste de la dura roca granítica y los colores intensos de la laguna son un verdadero regalo para quién las visitas. Si dudas de que dios existe pues acá te darás cuenta de que está más vivo que nunca y presente en cada uno de nosotros.

Fuente: Chilehike

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