Académico de la UTALCA develó el poder de la industria de medicamentos

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“El gobierno de la vida en la era farmacológica” se denominó la ponencia realizada por el investigador de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, en la que abordó aspectos tales como regulación, consentimiento informado y efectos colaterales.

La falta de regulación de la industria farmacéutica en Chile, no solo en acuerdos de precios, sino en aspectos tales como los ensayos clínicos para probar nuevos medicamentos y es uno de los puntos que abordó el profesor Ricardo Camargo, de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Talca, en su charla El gobierno de la vida en la era farmacológica”,
El académico —abogado, máster en Ciencia Política y doctor en Filosofía, entre otros grados académicos— examinó el desarrollo de esta industria y su poder en la sociedad actual, contexto en el cual se refirió al proceso que denominó “farmaceuticalización”, definido por él como la expansión del consumo de fármacos y medicamentos. Al respecto visualizó dos fenómenos, uno de los cuales —efecto virtuoso— implica un cambio hacia una relación más horizontal médico – paciente, dado que éste de vuelve “más experto” o informado. El otro impacto es la dependencia de fármacos, “con todos los intereses que hay detrás, entre los cuales están los de la industria farmacéutica”.
Pero además, advirtió sobre efectos secundarios, poco explorados, que operan en el organismo a nivel de procesos moleculares.
Coyuntura
Ricardo Camargo, quien dirige un proyecto Fondecyt acerca del poder farmacológico, sostuvo que la “farmaceuticalización” es un problema estudiado en forma importante en otros países. En tanto, en Chile despierta interés lo coyuntural, asociado a una industria farmacéutica “que ha trabajado al parecer en una suerte de acuerdo o colusión con el precio de los medicamentos, lo que está en la opinión pública y hay mucho descontento”
“Conocemos menos de otros impactos, que han sido documentados en otras latitudes y que tienen que ver con el influjo que ha tenido la industria farmacéutica, incluso en la creación de algunas enfermedades, para la posterior comercialización del medicamento que las van a mejorar”, enfatizó.
Como ejemplo se refirió al Ritalín, de amplio uso en la época de los 80, que según indicó fue elaborado “para una enfermedad que fue construida como tal —una deficiencia— muchas veces por la presión que ejercía la industria farmacéutica para vender esa droga”. Agregó que está por verse el impacto futuro y presente de su uso.
Otro aspecto poco explorado, a su juicio, es la influencia de esa industria en la captura de agendas públicas de movimientos sociales que bregan por fondos para tener acceso más económico a sus medicamentos. Si bien sostuvo que estas peticiones son comprensibles, son una forma en que las farmacéuticas acceden a subsidios estatales y logran captura de mercado. Lo mismo visualiza con las vacunas.
Regulaciones
Según el profesor Camargo, las situaciones descritas conducen a considerar las regulaciones que deben existir “para que no se traspase un subsidio público a los intereses de las empresas tal vez más lucrativas que hay en el planeta”, y también evitar las colusiones de precios y, asegurar que exista el consentimiento informado respecto a los ensayos clínicos. Estos procedimientos son parte del proceso que deben cumplir las industrias de medicamentos para lograr la aprobación de éstos.
“Hay todo un mercado de ensayos clínicos que las empresas farmacéuticas han ido trasladando desde los países centrales, desarrollados, a los países menos desarrollados donde la regulación es más baja. En particular han privilegiado para estos ensayos la Europa Oriental pero ahora también países como Argentina, Brasil y Chile (…) Aquí hay menos exigencias por ejemplo sobre el consentimiento informado de los pacientes que acceden a esos ensayos”, recalcó.
De acuerdo al análisis del investigador, es más fácil, en un hospital público de estos países, encontrar enfermos terminales que, ante la oferta de entrar a un ensayo clínico de una droga de último nivel — al que probablemente no tenga acceso en ese hospital—, ese paciente diga que sí. “Pero hay que preguntarse si ahí hay un consentimiento informado, regulado”, aseveró.

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