Fue en la crisis del petróleo de los años 60 y 70 que el concepto de teletrabajo se comenzó a sociabilizar debido a las preocupaciones que generó el uso del combustible, los largos desplazamientos laborales y la congestión del tráfico en las principales áreas metropolitanas. Como consecuencia, Jack Nilles (1975) empleó por primera vez el término refiriéndose al trabajo alejado de la oficina.

Así, el docente de la Facultad de Economía y Negocios de Universidad de Talca, Jorge Sánchez, explica los inicios de un sistema de trabajo alternativo, pero que a causa de la pandemia del COVID-19 se tuvo que poner en práctica de manera inmediata, cambiando el paradigma y evidenciando que su aplicación se puede hacer permanente.

Sánchez, que posee un doctorado en Administración de la Université Libre des Sciences de l’Entreprise et des Technologies de Bruxelles, publicó un análisis titulado “El teletrabajo y su apogeo en tiempos de Covid-19” en la web de la Asociación Interamericana de Contabilidad (AIC), organismo que es integrado por 21 países patrocinadores y que cuenta con 1,1 millones de afiliados.

“Al estudiar a diferentes autores que abordan este tema se concluye que el teletrabajo, al ser bien implementado, potencia estrategias del tipo ‘ganar-ganar’, es decir, provoca efectos positivos a todos los actores involucrados, léase empresas, trabajadores y también a la sociedad (…). También a las organizaciones les entrega una serie de beneficios asociados con sus programas de responsabilidad social empresarial, tales como mejoras en inclusión socio-laboral de población vulnerable, como por ejemplo, situación de discapacidad, aislamiento geográfico, cabezas de familia”, indica el docente en su análisis.

Sánchez también relata los resultados de un estudio realizado por Randstad en que se encuestó a 440 compañías en Chile, de diferentes tamaños e industrias.: “Así, la investigación arrojó que, en ese momento, 31% de las firmas había incorporado esta práctica de manera permanente y que los principales beneficios observados por los líderes de capital humano eran: mayor equilibrio vida laboral-familiar, con 23%; más capacidad para atraer y retener talento y aumento de los índices de productividad, ambas opciones con 17%; reducción de los costos, tanto para la compañía como para el empleado, con 16%; impulso del uso de nuevas tecnología (11%); reducción del absentismo (8%); promoción de la inclusión (5%); y reducción de la rotación (3%)”.

En tanto, Sánchez plantea que en materia de investigación científica el teletrabajo  también tuvo un impacto. “En un estudio que acaba de concluir en enero 2021 y en el cual tuve la oportunidad de participar, se constató fehacientemente el incremento explosivo del teletrabajo en la producción científica, de primer nivel mundial (expresado en las bases de datos científicas Scopus y WOS), reafirmando sin lugar a dudas el altísimo interés que ha provocado el estudio del teletrabajo también en la comunidad científica en todo el mundo”, indica.

“Más del 50% de los empleados trabajan a distancia casi la mitad de su semana laboral. Estas cifras preliminares son abrumadoras y solo constatan que tenemos que aprender a convivir con esta nueva forma de trabajo y que debemos hacer todos los esfuerzos necesarios de adaptación a ella, ya que IN Covid-19 y también POST Covid-19 seguramente estará cada vez más presente en nuestras vidas laborales. Nos enfrentamos a un nuevo desafío, solo depende de cada uno de nosotros sortearlo con éxito”, finaliza.

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