Mala onda

Como muchos de los esforzados estudiantes y trabajadores de esta ciudad, a diario viajo desde mi trabajo y Universidad en locomoción colectiva, más específicamente en micro. Si, esas viejas, incomodas y nunca limpias máquinas que por pocas monedas nos trasladan es también la causante de esta editorial. El viernes recién pasado salí con urgencia de mi oficina hacia mi departamento, y curiosamente esto fue lo que sucedió cuando trato de pagar mi pasaje: -usted no pasa por avenida Colín, ¿cierto?- pregunté -Esa we´a es pa´ leerla, weón- contestó el chofer. Con sarcasmo y viendo lo lleno que estaba el microbús respondí – Disculpa, que feliz tiene que ser tu vida- - Bájate- grita el ahora descontrolado conductor, en momentos en que comienza a mover su vehículo. La deferencia entre la 3 y la 3b es poca pero causó uno de los conflictos más incomodos e innecesarios del día, no por los garabatos que recibí, a los cuales ya estoy acostumbrado, sino por el hecho de recibir gratuitamente la mala onda de una persona que no conocía y que no perdonaba un simple error. No le costaba nada contestar de buena forma, no fui grosero al preguntarle, no estaba mal estacionado ni cometiendo una infracción al dejar que subiera en el paradero establecido en una céntrica avenida. Esto me hizo pensar en cuantos más afectados habría dentro de la misma jornada, cuantos cargaban además de mi con la negatividad de un personaje extraño y sin control, chofer del destino de momentáneo de ingenuos pasajeros. Comprendo eso de un mal día y de la forma de expresarlo frente a los demás pero creo que en estos tiempos donde el estrés ataca a todos por igual es bueno darse un respiro y en la mejor forma de enfrentar la realidad. Espero que el chofer de la micro 3 patente DH 77-44 en Talca haya podido solucionar eso que tan lamentablemente lo obligaba a faltarle el respeto a los pasajeros.

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Como muchos de los esforzados estudiantes y trabajadores de esta ciudad, a diario viajo desde mi trabajo y Universidad en locomoción colectiva, más específicamente en micro. Si, esas viejas, incomodas y nunca limpias máquinas que por pocas monedas nos trasladan es también la causante de esta editorial.
El viernes recién pasado salí con urgencia de mi oficina hacia mi departamento, y curiosamente esto fue lo que sucedió cuando trato de pagar mi pasaje:
-usted no pasa por avenida Colín, ¿cierto?- pregunté
-Esa we´a es pa´ leerla, weón- contestó el chofer.
Con sarcasmo y viendo lo lleno que estaba el microbús respondí – Disculpa, que feliz tiene que ser tu vida-
– Bájate- grita el ahora descontrolado conductor, en momentos en que comienza a mover su vehículo.
La deferencia entre la 3 y la 3b es poca pero causó uno de los conflictos más incomodos e innecesarios del día, no por los garabatos que recibí, a los cuales ya estoy acostumbrado, sino por el hecho de recibir gratuitamente la mala onda de una persona que no conocía y que no perdonaba un simple error.
No le costaba nada contestar de buena forma, no fui grosero al preguntarle, no estaba mal estacionado ni cometiendo una infracción al dejar que subiera en el paradero establecido en una céntrica avenida.
Esto me hizo pensar en cuantos más afectados habría dentro de la misma jornada, cuantos cargaban además de mi con la negatividad de un personaje extraño y sin control, chofer del destino de momentáneo de ingenuos pasajeros.
Comprendo eso de un mal día y de la forma de expresarlo frente a los demás pero creo que en estos tiempos donde el estrés ataca a todos por igual es bueno darse un respiro y en la mejor forma de enfrentar la realidad.
Espero que el chofer de la micro 3 patente DH 77-44 en Talca haya podido solucionar eso que tan lamentablemente lo obligaba a faltarle el respeto a los pasajeros.

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