La ética frambuesa

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Hace algún tiempo, una alta funcionaria pública chilena (Elinett Wolff) fue destituida y con alboroto, luego de comprobarse que utilizaba el transporte de su cartera, chofer incluido -Ministerio de Transportes, que ironía…- para distribuir frambuesas a restaurants de la capital. La funcionaria en cuestión ha sido nombrada para que participe en una Comisión de Transparencia de la Municipalidad de La Florida.

El problema fundamental dentro del nombramiento, es que no importa si un comportamiento es ilegal o legal, ya que previo a eso, existe una interpretación ética del acto y del funcionario en cuestión.

Reitero,  da lo mismo que haya existido o no una sanción legal al transporte de frambuesas para negocios familiares en vehículos públicos, lo que no da lo mismo es ponernos una venda y no solo mantener en el sistema público a personal éticamente no idóneo,  sino llevar el tema al extremo y poner al funcionario -funcionaria en este caso- a la cabeza de una entidad que basa su ser en un sentido ético. ¿Será contratada como contraejemplo?

La responsabilidad de los medios
Chile tiene de todo. Cada cierto tiempo aparece en los medios gente que encuentra millones y los devuelve a sus dueños, gente honesta que entiende que más allá de lo legal,  hay una noción de bueno|malo que se obtiene en los primeros años de vida y formación. Recuerdo que una vez, en el generador de caracteres, aparecía mientras uno de estos honestos chilenos devolvía una gran suma, la leyenda “el rey de los huevones” por devolver dinero ajeno. El tema es simple: cuando el relajo se masifica, los límites éticos simplemente no existen. Y ante tal relajo todo puede ocurrir.

La frambuesa de Jovino

De los tipos que se encuentran en el poder ejecutivo –independiente de su calidad personal- podemos poner en tela de juicio su validez como integrantes ya que su rol se genera en un sistema arreglado con calculadora. Más allá de que sea “legal”, debido a que tal legislación emana de razones de conveniencia particulares.

El punto interesante aquí es que la ética frambuesa permitirá que Mariano Rajoy, perdón, me he traspapelado, digo que la ética frambuesa permitirá que Jovino Novoa, Senador, logre uno de los sitiales más importantes dentro de una “democracia”: la presidencia del Senado. ¿Y cuál es el problema?, el punto no es que ante algunos problemillas y muertes varias, tenga la opción de asumir la presidencia del país, sino que su condición de actor central durante la época de Chile que algunos políticos quisieran olvidar, convenientemente por cierto. Nuevamente el problema aquí no es la legalidad o ilegalidad, sino la fuerza ética, aquella que al menos de hace decir “si, lo supe y no hice nada” o poner cara dura y aparecer con un “yo no supe nada de eso”.

“No es razonable que acceda al segundo o tercer lugar de la República, y reciba honores y aplausos de moros y de cristianos, quien nunca ha dado explicaciones públicas acerca de su participación en un régimen, que mientras él era Subsecretario, violaba gravemente los derechos humanos”
Carlos Peña en El Mercurio (miente).

Gastar fondos públicos en campañas pro transparencia y anti corrupción es aceptable. Lo que no es aceptable, es que la institucionalidad pretenda que estas tengan efecto primero en la ciudadanía y luego en sus propios componentes, además, el sentido -¡quiero creer!- es que más allá de lo legal, existan consensos en lo que respecta al fondo ético primero de gobernar y desde luego, de vivir en sociedad.

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