Buscan rescatar tradición del tejido artesanal en Sauzal

Buscan rescatar tradición del tejido artesanal en Sauzal

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Fundación CVA y ARAUCO están impulsando un proyecto para poner en valor esta antigua costumbre cultural tan propia de este pueblo del secano, ubicado a 43 kilómetros de Cauquenes

Fundación Creando Valor y Apoyo y la empresa ARAUCO se están dando la tarea de rescatar la tradición cultural del tejido artesanal en la localidad de Sauzal, provincia de Cauquenes. Y es que el tejido artesanal forma parte de la idiosincrasia de los habitantes de este pueblo colonial fundado el 2 de enero de 1782 y que se levantó a los pies del cerro Name. A través del desarrollo de un taller se busca no sólo poner en valor esta actividad, sino que además proyectarla en el tiempo para las nuevas generaciones.

Sauzal está situado a 43 kilómetros de Cauquenes y 49 de San Javier, en el secano. En su entorno se aprecia el cultivo agrícola, viñas, y también frondosos bosques de pinos y eucaliptos. Es un pueblo de vida apacible y que conserva la tradicional arquitectura colonial rural. Tiene alrededor de 500 habitantes y en ciertos momentos del día, en los corredores de algunas viviendas, se puede apreciar a mujeres tejiendo.

El objetivo de la iniciativa es precisamente desarrollar un espacio de creación junto con las mujeres de Sauzal a través del tejido y la tradición.

Camilo Vallejo, presidente de la Fundación CVA, señala que este proyecto nace “porque existía una necesidad en un pueblo con el que ya habíamos tenido un acercamiento. Sauzal está bastante olvidado, pero Liliana Araneda, directora de la fundación ha hecho un trabajo importante con la gente del pueblo hace varios años.

Aparte que vimos que era una iniciativa cultural algo distinto, de mucho impacto en la comunidad y con un valor tradicional importante”.

La Fundación cuenta ahora con un socio estratégico como ARAUCO para llevar adelante esta iniciativa cultural y de rescate de una tradición antiquísima y donde se espera grandes resultados.

Para ARAUCO, la iniciativa tiene sentido por cuanto es coherente con la estrategia de desarrollo que ha definido para relacionarse y contribuir con las comunidades y el entorno.

“Como compañía hemos definido una Estrategia de Desarrollo Local que busca contribuir a las comunidades de las que somos vecinos. En este sentido, la propuesta de la Fundación CVA nos pareció interesante de conocer, teniendo en cuenta que cerca de Sauzal existe un importante patrimonio y un campamento forestal de Arauco y el proyecto busca rescatar la tradición y aportar al emprendimiento social y productivo que como compañía queremos impulsar”, afirma Nelson Bustos, Subgerente de Asuntos Públicos de ARAUCO.

 

“Luego de decidir aportar al proyecto, resolvimos acompañar el desarrollo del proyecto, conocer más a la comunidad y buscar otras oportunidades de colaboración en esta localidad con tanta historia y tradición, pero también tan apartada. Estamos muy contentos de saber que nuestro aporte ha sido muy bienvenido y que nuestros vecinos de Sauzal nos consideren uno más de ellos”, agrega Bustos con entusiasmo.

MANOS TEJEDORAS

Victoria Aravena, Iris Palma y Maura Moya son algunas de las mujeres de Sauzal que dos días a la semana se reúnen en el Centro Comunitario del pueblo para aprender el oficio del tejido artesanal.

 

Están entusiasmadas con el proyecto pues ven en él una oportunidad para crecer y también por cierto, para generar un ingreso adicional al presupuesto familiar, siendo capaces de compatibilizar esta actividad con sus habituales trabajos de temporeras, en la vendimia o bien haciendo labores de asesora de hogar.

 

Si bien muchas confiesan haber sabido tejer, lo cierto es que acá han aprendido a hacer distintos puntos, rebajes y terminaciones que darán un mayor valor a sus creaciones. Además, han conocido de cerca todo el proceso de esta actividad, desde la esquila de la oveja, lavado de la lana en el río, teñido y confección de productos.

 

Victoria Aravena derrocha entusiasmo cuando le preguntan por el taller de tejido. “Ha sido una experiencia bonita. Uno si quiere aprender, tiene que hacerlo. Yo trabajo, pero siempre estoy pendiente del taller. Hemos hecho chalecos y mantas. Hemos participado del proceso. Estoy feliz con esto y espero que dure en el tiempo”, señala.

Para Iris Palma, esto ha sido la continuación de una tradición familiar. Confiesa que ella aprendió a tejer cuando tenía alrededor de 12 años y quien le enseñó fue un hermano. “Desde ahí que he tejido. He hecho gorros, calcetines. Aquí he aprendido harto como los rebajes y cuellos que no sabía hacer”, añade.

Quien ya ha obtenido un dinero extra con esto es Maura Moya. “Ha sido muy bueno porque uno se relaja. He aprendido cosas nuevas. La gente es muy agradable. Me apoya mi hermano y mi hija de 6 años que también está aprendiendo a tejer. Hasta ahora he hecho chalecos y ya he vendido ya”, cuenta orgullosa Maura Moya, mientras muestra su última creación.

La directora de la fundación y profesora del taller, Liliana Araneda, también está muy contentan con el curso. “Todo el proceso lo hacemos en conjunto y todas las semanas les dejo una cantidad de lana para que ellas tejan. Lo hacemos juntas para que aprendan los puntos, rebajes y diseños.  Después viene la venta de los productos y esperamos hacer un evento final”, afirma con entusiasmo, mientras comienzan a llegar al centro comunitario las alumnas para mostrarle los avances de sus creaciones.

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