Si hay machismo y hay memchismo
El memchismo designa a quienes adscriben al MEMCh, Movimento pro Emancipación de las Mujeres Chilenas, fundado en 1935 por un grupo de mujeres intelectuales burguesas, cuya líder natural fue Elena Caffarena.
Su objetivo principal fue luchar en contra de las desigualdades domésticas, sociales, económicas y educaciones de las mujeres con respecto a los hombres y lograr ampliar sus derechos civiles y políticos.
El órgano de difusión de la organización fue la revista “La Mujer Nueva”, publicada entre 1935 y 1951. A través de ella no sólo se hablaba de la situación femenina en términos locales, sino que además hacían fuertes llamados de atención respecto de la política internacional, manifestándose particularmente en contra del fascismo, por considerársele una doctrina contraria a la emancipación de las mujeres.
Su forma de actuar era muy parecida a la que se pretende en este diario:
Pensar global; Actuar local.
En su época fueron consideradas un grupo de tintes casi subversivos, fueron tildadas de “rojas” y de poner en riesgo la continuidad de la institución familiar católica. Elena declaró: “En ese tiempo hablar de la emancipación de la mujer parecía obsceno. Se suponía que nos íbamos a dedicar al libertinaje”. (Luis Vitale). Entre sus postulados más controvertidos estuvo declararse fervientes partidarias del divorcio y de la divulgación de métodos anticonceptivos.
En aquella época el lugar de una “mujer decente” estaba en su hogar, dentro de un ámbito privado y era de mal gusto salir a las calles a proclamar consignas y organizar acciones de movimiento público, como sí hicieron las memchistas.
La situación de las mujeres de provincia, más ancladas a los valores tradicionales de sumisión al padre, al marido y al hijo, era muy distinta de la que poseían las mujeres santiaguinas. Ese fue uno de los motivos por los cuales las organizaciones del MEMCh en provincia fueron mucho menos exitosas.
El MEMCh santiaguino se caracterizó por ser una organización transversal a todas las clases sociales. Muchas actividades se hicieron entorno a capacitar a mujeres trabajadoras de bajos recursos y deficiente nivel educacional, entre las cuales había un nivel de analfabetismo coincidente a la taza nacional, alrededor de un 21%. En provincia en tanto, las mujeres burguesas tenían nulo interés por mezclarse con las mujeres “del bajo pueblo”. No veían el mundo popular más allá de las empleadas de su servicio doméstico, costureras, planchadoras y lavanderas. En otros lugares, más industrializados, como en Coronel o en las salitreras del norte, la situación fue muy distinta, logrando en esos lugares organizaciones numericamente importantes y que socialmente lograron acciones relevantes.
Estuve investigando respecto del memchismo particularmente en Talca y el resto de nuestra región y no hallé nada al respecto (Corinne Antezana Pernet)., aunque sí hubo movimiento en ciudades tradicionales como La Serena, Ovalle, Rancagua, y Temuco.
Lo cierto es que poco me extraña. Hasta el día de hoy Talca es una ciudad clasista y por cierto, en aquella época lo era aún más, por lo tanto la convivencia entre mujeres “decentes” y mujeres del “bajo pueblo”, era algo que estaba fuera de los alcances del pensamiento terrateniente, conservador y estrecho, que ha caracterizado a nuestra zona, tradicionalmente agrícola.
La imagen es de www.memoriachilena.cl y corresponde a la portada del primer número de la revista Mujer Nueva de MEMCh que se titula “¿Qué será de mi hijo?”.
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Yo quiera agregar al excelente artículo de Andrea, que Elena Caffarena fué un distinguida jurista y activista social precursora del voto femenino año 1949, como también gran defensora de los Derechos Humanos en nuestro país, falleciéndo el día 19 de Julio del año 2007 en Santiago, en donde todas las organizaciones sociales vinculadas con la mujer y en especial el Servicio Nacional de la Mujer, SERNAM, y representantes de partidos políticos le rindieron un gran homenaje póstumo. La Sra. Elena nunca perteneció a ningún partido político.
Si hay machismo, ¡Hay memchismo!. (así era el título original)
Respecto a los datos que Ud. comparte, deseo agregar que el MEMch terminó en 1953, pero se reorganizó en 1983 para aunar fuerzas femeninas en contra de la Dictadura. Independientemente de la postura que cada uno tenga con respecto a ese período oscuro de nuestra historia, me gustaría destacar la capacidad de adelantarse a los tiempos que tuvieron esas mujeres:
En la época en que todo se reducía a una discusión entre izquierdas y derechas, ellas postularon la preservación del medioambiente como uno de sus principios básicos. ¡Grande Elena Cafarenna y compañia!. (más info, en los enlaces del artículo). El MEMCh aún existe, pero no sé cual ha sido su evolución con respecto al origen.
jajjajajajajajajajajajajajajzjajaaa es una estupides jajaja
Hola Andrea
Encantada que sacaste el tema del MEMCh!
En cuanto a Talca – eché una mirada en mis apuntes y parece que no había comité en Talca, pero se vendieren 40 a 50 copias de cada número de La mujer nueva en 1936, 37, 38 — una cierta Elena Moya hizo los pagos etc. Alguién los habrá leído… preguntar a la abuelita…?
Oh, y La Mujer Nueva salió regularmente solo hasta 1941, después se fue al extranjero Marta Vergara, que escribió mucho para el periódico (bajo nombres diversos…).
Saludos,
Corinne
Corinne:
Me alegro de que leyeras mi artículo. Especialmente, porque haz corregido mi error respecto de los años en que salió La Mujer Nueva a circulación.
Te agradezco también por la nueva información que nos aportas. El dicho popular dice que “siempre paga Moya”, pero ¡nunca me imaginé que Moya fuese mujer! :). ¿Habrá sido su verdadero nombre?
De todas maneras, puede ser interesante averiguar si hay en Talca descendientes de Elena Moya.
Saludos,
Andrea